“…Zapatero cuando llegó a La Moncloa en 2004 vio las inmensas posibilidades que el aparato SITEL ofrecía para el gobierno a la hora de poner la oreja y auscultar al pueblo…”
Resulta que en tiempos de Aznar, el gobierno compró una gran y sofisticada computadora que podía escuchar a muchas personas a la vez (muy útil, por ejemplo, para seguir determinadas tertulias televisivas). Algunos jueces y vigilantes de lo público pusieron en duda el uso democrático y la cobertura legal del aparato y entonces Aznar, al que le importaban un comino las comidillas o comilonas de sus conciudadanos, decidió no usarlo, aparcarlo en un rincón y echarle una lona encima.
Llegó Zapatero a La Moncloa en 2004, destapó la lona, le quitó el polvo al armatoste, llamado “SITEL” para los amigos, y descubrió de inmediato que ofrecía unas posibilidades enormes para poner la oreja y auscultar al pueblo. Ahora, hemos sabido que desde aquel momento el ordenador echa humo.
Se ha enfadado un poco Rubalcaba porque el PP, a través de González Pons, ha puesto el grito en el cielo ante el abuso de la manivela. Para no entrar al fondo, que es lo peliagudo y espinoso de la cuestión, el ministro del Interior ha despejado el balón fuera del área sacando las facturas de la máquina que compraron Rajoy y Cospedal.
Con lo fácil que tenía la réplica Rubalcaba. Una, el único que pincha en España es el PP, que está todos los días criticando al PSOE. Dos, qué otra cosa más positiva puede hacer un gobierno que oír la voz del pueblo. Si lo hace directamente, de uno en uno, más conciencia tomará de sus preocupaciones e inquietudes. Tres (algo menos sólida), se siente, allí se encontraron el ordenador y sería un despilfarro no emplearlo a todo su rendimiento. Por último, acuñar un lema sencillo y popular: “Sitel, Sitel, no se puede gobernar sin él” (fusilando la música del anuncio de jabón Moussel). Asunto resuelto.
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