ofendidos, deberían estar los millones de parados y las familias que no llegan a fin de mes o los jóvenes que ven truncado su futuro.
Hace unos años, el periodista Santiago López Castillo fue cesado como director del programa de TVE “Parlamento” por escribir en un periódico comarcal de Guadalajara que Leire Pajín era “morritos Jagger”. Todo el PSOE cayó en tromba sobre el entonces director general de RTVE, Javier González Ferrari, exigiendo la cabeza de quien había osado escarnecer a la joven socialista. No había otro mal que enmendar en el mundo entero que el de la falta de respeto a Pajín. Las disculpas de López Castillo no sirvieron para aplacar la cólera desatada y dio con sus huesos en el más injusto ostracismo profesional.
La misma protagonista ha inaugurado la nueva etapa de comunicación del PSOE, esta vez con la bandeja de plata que les ha servido el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva. Por cierto, cualquiera que conozca a este munícipe castellano sabe que puede ser todo menos frívolo, deslenguado o machista, pero esto no viene al caso de matizar ni disculpar sus descocadas manifestaciones sino de reunir algunos datos de su personalidad antes de colgarlo en el cadalso de la opinión pública.
El listón de las ofensas en política es muy impreciso y atiende más a criterios de publicidad, movilización o hipocresía calculada que a corregir un posible maltrato. Los mismos que se excitan, crispan, sulfuran, rabian, patalean y se rasgan las vestiduras ante un comentario de dudoso gusto se refocilan, divierten, escamotean o eluden otras postillas que afectan a sus adversarios.
En España no ofende el que quiere, ni el que puede, aquí ofende sólo el que el PSOE decide. La reacción coral del PSOE ante el PP, con León de la Riva interpuesto, es el pistoletazo de salida de la carrera electoral y la puesta en escena de una estrategia, mil veces ensayada, de elevar a categoría un incidente propicio y montar con él un pollo descomunal.
Hombre, ofendidos, ofendidos, deberían estar los millones de parados y las familias que no llegan a fin de mes o los jóvenes que, gracias a este Gobierno tan sensible, ven truncado su futuro.
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