Política

Sota, caballo e Israel

Santi Lucas
La violencia y los conflictos internacionales no toman vacaciones. La gravísima situación que se está sufriendo en Oriente Próximo, con los cruentos enfrentamientos de Israel en el Líbano y la simultánea hostilidad respecto a las facciones palestinas de Hamas y de la Yihad Islámica, ha puesto de relieve la fragilidad de la paz, del equilibrio fronterizo en este área incandescente y la ausencia de “trámites” previos en la apertura de los frentes bélicos más delicados e inquietantes. Ni siquiera los llamamientos a las partes, que la comunidad internacional hace de oficio a cada momento para que desciendan los grados de la ofensiva resultan de alguna utilidad cuando se ha encendido la mecha de la provocación para una guerra abierta en varios puntos a la vez.

El riesgo añadido a cualquier contienda de esta magnitud que nos preocupa a todos es el de simplificar sus causas o señalar precipitadamente con el dedo acusador a los culpables. Por este motivo, me parecen de un extraordinario valor las opiniones fundadas y los criterios claros, matizados y sin contaminar, que se están explayando en los últimos días con motivo de la crisis del Líbano. Entre ellos, los de Gustavo Arístegui, diputado del Partido Popular, que tiene un conocimiento profundo del “avispero”, e incluso dolorosas experiencias familiares para hablar con sentido e inteligencia de todo ello, son singularmente lúcidos.

Refiere De Arístegui (“El Mundo” 17/7/06), la compleja y convulsa historia de la gestación de Hizbulá y la enrevesada composición de su militancia, así como la dependencia ideológica, estratégica y también económica de sus huestes y objetivos, con referencias inevitables a Siria o Irán. Basta leer su documentada y precisa explicación sobre “El origen de la crisis del Líbano” para darse cuenta de los intrincados contornos del conflicto y la inconveniente reducción del mismo a una apresurada y unilateral descalificación de Israel.

Lamenta De Arístegui, en el mismo artículo, que el presidente del Gobierno español, Rodríguez Zapatero, no haya alcanzado a tomar una posición acreditada, razonada y serena sobre la crisis y que se desentienda a la hora de conformar una opinión pública informada, sosteniendo una postura oficial con algo más sólido y menos simplón que el sota, caballo e Israel con el que se ha pronunciado en un acto de su partido.

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