sorprendentemente la pregunta que se hacen muchos es: ¿Quién tiene la culpa de ello?
Controvertido el mundo de las Relaciones Internacionales en el universo global y mediático en que vivimos. Un señor con mostacho cano y pelo revuelto que vive circunstancialmente en Florida y que se gana la vida dando sermones a cincuenta amigos ha movilizado la opinión mundial.
No es eso lo peor. Su iniciativa desproporcionada ha provocado la intervención directa de líderes mundiales y movilizado ingentes recursos para prevenir las consecuencias de una acción que no se ha producido, puede no tener lugar o puede también extenderse como un reguero de pólvora en un país que adora la competencia.
Un suceso de naturaleza local, adquiere dimensiones universales y sorprendentemente la pregunta que se hacen muchos es: ¿Quién tiene la culpa de ello? Esta es la cuestión principal que domina el análisis en numerosos medios acostumbrados en demasía a generar polémicas sobre si mismos. Polemizan sobre lo importante que es contar o no las cosas pensando, como creen, que si ellos divulgan la realidad existe y si no, estamos en la pura ficción.
Hay quienes incluso han llegado a opinar que el tema ha sido sobredimensionado por los eficaces servicios de comunicación de un presidente Obama incapaz de remontar la crisis en Estados Unidos. Reparten “idiotas” a diestro y siniestro por haber dado importancia a un personaje que reúne ahora a más periodistas que feligreses y cobran por ello.
Es curioso pero tienen el mismo rigor y profundidad que los análisis mundialistas del octogenario Fidel Castro al que también le interesa lo de Terry Jones para decir que es un “descomunal show mediático” que hace estremecer por la seguridad de sus soldados a los jefes militares “yanquis y europeos en misiones punitivas de guerra”. Le sirve también todo para sentenciar que esto son las “cosas propias de un imperio que se hunde”. Cada cual a su tema.
Pero de la cuestión de fondo muy poco. Apenas nada. Lo de la construcción de una Mezquita en la Zona Cero a la que se oponen 7 de cada 10 newyorkinos les viene muy lejos y no encuentran relación. La cuestión nuclear iraní. La guerra de Irak y la no guerra de Afganistán. Tampoco que los más elementales derechos humanos estén retrocediendo por doquier a lo largo y ancho el planeta y, también, el pluralismo político y la democracia.
Y si alguien aventura una explicación es encasillado por el tropel mediático. Halcones y Palomas. Conservadores y Progresistas. Liberales y Socialistas. Es mejor pensar que si todo esto no se hubiera contado no hubiera sucedido nada. Pero las cosas pasan, mal que nos pese. Occidente se mira el ombligo y se siente culpable. Tiene miedo.
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