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Los americanos comprenden que una porción insalvable del mundo islámico se opone a América y a todo lo que ésta defiende. Lo que muchos americanos no sabrán de este Cuatro de Julio es lo mucho que saben los habitantes de Oriente Medio acerca de los ideales, valores y principios revolucionarios de libertad de América”.
Educación
Lo que no se dijo a las audiencias y televidentes de Estados Unidos es la magnitud del cambio social y político que América está provocando en la región, incluso más allá de la imaginación más alborotada de los planificadores que decían entrar en “una guerra de ideas” hace algunos años.
Lo que está prohibido que conozcan los estudiantes de este país – con demasiada frecuencia, por sus propios profesores universitarios – es el tsunami intelectual y mental provocado al este del Mediterráneo por las simples, claras y poderosas palabras pronunciadas por los líderes y activistas de estas costas. Las principales noticias de los medios más importantes retratan Oriente Medio en general como una masa gigante monolítica, completamente absorbida por un inexplicable odio a América. Y si hay una explicación a este odio que está garantizada – gracias a estos mismos académicos y “expertos” mediáticos – es la de las “despreciables políticas” de Estados Unidos en todo el mundo. Pero si analiza en profundidad los argumentos presentados por la rabiosa multitud y sus simpatizantes dentro del país, descubrirá que “el hogar de los libres” es temido y odiado solamente por eso: por su libertad, una característica que no es bienvenida por las élites dominantes de Oriente Medio, ni por las ideologías fascistas que sirven a sus propósitos.
La Francia Revolucionaria fue odiada por las monarquías absolutistas de Europa, y la América revolucionaria es hoy odiada por las dictaduras absolutistas y los regímenes jihadistas de los mundos musulmán y árabe. Que los ideales republicanos franceses atronaran por el continente desde España a Polonia y más allá, llevó varias décadas. Un fenómeno similar está teniendo lugar hoy desde Marruecos a Afganistán. Los estudiantes están descubriendo, las mujeres aprendiendo, y las masas están desafiando el antiguo orden. Y seamos claros: el ascenso de los demócratas en Oriente Medio está causado por los terremotos que sacuden el tejido de los regímenes y sus ideologías. Y ya no puede esconderse más; los epicentros se encuentran en Kabul, Bagdad, Beirut y pronto en Damasco y Teherán.
El futuro de la región pertenecerá a sus generaciones jóvenes, y no están interesadas en barbas, chadores y dar el Harb (declarar la guerra al mundo no islámico). Están interesadas en la libertad, los empleos y la revolución. Sí, los estudiantes fundamentalistas de las madrazas se están hundiendo en el salafismo y están trabados en el jihadismo. Parecen muy enfadados en televisión, y sus cifras parecen hincharse, por supuesto, cuando aparecen en al-Jazira o son analizadas por furiosos intelectuales occidentales. Pero la voz de la juventud de inspiración americana es cada vez más alta. Desde los nuevos bloggers a las páginas web disidentes, pasando por los que llaman a programas de televisión, “ellos” están ahí, oprimidos de toda clase, intentando cambiar. A menudo, cuando son preguntados por los que les increpan, dicen claramente: “Queremos lo que llamas ´una vida media´ aquí en Estados Unidos”. Simplemente desean experimentar las libertades que todos disfrutan. Han visto nuestras películas y documentales, y leído acerca de nuestra cultura política en nuestros libros, más de lo que creemos. Pero por encima de todo, y en contra de lo que las élites internacionales afirman, ellos – la gente normal de la región – han comprendido los sacrificios de los soldados norteamericanos y de la Coalición en Irak y Afganistán.
Allá por el 2003, un distinguido académico norteamericano de ascendencia árabe dijo ante la audiencia de una televisión árabe que “los árabes y los de Oriente Medio deberían apreciar el derramamiento de sangre de hombres y mujeres jóvenes de Oriente Medio y de otras partes de América. Ellos se han sacrificado para que los iraquíes y otros disfruten de libertad”. Fouad Ajami, de la Johns Hopkins, no es la única voz clara en la América académica que rompe el grueso muro de los apólogos. Marius Dib, de la SAIS, Roberto Rabil, de la Florida Atlantic University, y muchos otros académicos americanos de Oriente Medio están dejando alto el listón: los revolucionarios valores de América inspiran lo mejor de la región a sus jóvenes y a sus más brillantes.
Allá por octubre del 2004, más de 750 representantes de organizaciones americanas de Oriente Medio abrieron la primera Convención Americano-Mediooriental por la Libertad: árabes, arameos, coptos, musulmanes, cristianos, libaneses, iraquíes, sirios, libios, chaldo-asirios, kurdos, sudaneses, y otros elogiaron “la experiencia histórica extraordinaria” que sus comunidades han vivido en este país. Elogiaron sinceramente a los hijos e hijas de América por consentir ofrecer el mayor sacrificio para que los jóvenes de Kabul, Bagdad, Basora o Kirkuk vivieran un sueño americano propio. De nuevo, en marzo del 2005, un millón y medio de manifestantes cantaron libertad en Beirut. Aclamaron a los periodistas americanos y les pidieron que enviaran emotivos mensajes al “pueblo americano”. El libanés sabe muy bien que sin la acción diplomática norteamericana para producir una 1559 en el Consejo de Seguridad de la ONU, pidiendo la retirada siria, el diktat Ba´azista permanecería sobre su cabeza hoy. La comunicación popular entre los oprimidos de la región y América es abierta de par en par. Pero a la élite aún dominante en Oriente Medio y al otro lado de las aguas no le gusta esta muestra de solidaridad.
Desde el derrocamiento de Saddam Hussein en el 2003, todas las fuerzas opuestas a la democracia y la libertad en el mundo árabe y sus aliados políticos y económicos de Occidente están contraatacando: el terror de Zarqawi en Irak, la intimidación de Hezboláh y los asesinatos Baazistas en el Líbano, y la selección de un radical rabioso para dirigir el régimen iraní. En Europa y Norteamérica, la vieja guardia de intereses petroleros está en una jihad por deslegitimar la iniciativa americana en favor de la democracia en la región. En la encrucijada de cualquier éxito genuino, el pesimismo y la crítica infundada se extienden para contener las iniciativas norteamericanas. Washington incurre en equivocaciones, seguro, pero los oprimidos de Oriente Medio quieren más democracia a pesar de ellas. Argumentan con una mentalidad comparativa: hubo más horrores y errores que llegaron con la Revolución Francesa que ventajas inmediatas, pero sus valores se extendieron. La Revolución Americana no estuvo exenta de problemas (especialmente para los Loyalists), pero nació de su seno la mayor democracia de la tierra. Hoy, millones de oprimidos en la región creen que Estados Unidos ofrece algo que no pueden rechazar: la ocasión de reclamar sus libertades dadas por Dios. Las fuerzas americanas son consideradas por muchos – no por los jihadistas, no por los Ba´azistas, sino por la gente normal y amante de la paz – como los Lafayettes del siglo XXI ayudando a que surjan sus propios George Washingtons.
El Cuatro de Julio no es sólo la celebración norteamericana de la independencia; se ha convertido en una celebración de la libertad a través de los llanos, de los desiertos y de las montañas de los dolidos pueblos de Oriente Medio. Cuando vieron la película “El cuatro de julio” hace años, muchos de Beirut a Teherán se identificaron con los buenos, es decir, con América y sus aliados. Especialmente cuando el “presidente” de la película pregunta sus intenciones a los “extranjeros”: los segundos responden: queremos destruiros, a todos vosotros, a todas las naciones de la tierra. Era un recordatorio de dar al Harb, la zona de guerra jihadista. Llamativamente, Hezboláh y sus aliados querían que la película se retirara de cartelera. Se identificaban con los malos, pero se dieron cuenta de que la gente común se identificaría con América en vez de con ellos.
En este cuatro de julio del 2005, millones más en Oriente Medio viven la libertad gracias al país multiétnico de George Washington — un hecho que puede distorsionarse a voluntad por los “aliados ideológicos”, pero que no puede ser cambiado por la historia.
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