Política

“Urbi et Orbi”

Santi Lucas
La Pascua se estrena con muchos puntos de aflicción y de crisis profundas sobre el planeta. Pésimas noticias las que se datan por ejemplo en Irán, en medio de una escalada creciente de reproches y amenazas en la que la diplomacia internacional va perdiendo toda su aptitud para garantizar con solvencia la paz. Sombras e inquietudes sociales palpables en otros países como Bolivia, Perú o Brasil. Fraccionamiento político insólito en Italia tras las últimas elecciones generales. Planes de emergencia desplegados por el Gobierno palestino de Hamás que tratan de sortear el férreo bloqueo económico impuesto por la Unión Europea y Estados Unidos ante su negativa a abandonar la violencia y respetar a Israel. El drama más amargo sigue azotando con una terrible cotidianidad al pueblo de Irak sin intuir todavía su final. Turquía vuelve a una senda de atentados terroristas que le ponen en aprietos para garantizar la convivencia pacífica en su proceso de incorporación a la UE. África no se despega tampoco de las matanzas y de la penosa situación de millones de refugiados. La lista de calamidades es mucho más larga.

En el primer mensaje de Pascua como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, Benedicto XVI ha querido imprimir un marcado acento internacional a sus palabras para reclamar la paz y la dignidad de los seres humanos. Desde la gravedad de la situación en Darfur, pasando por Irak, los conflictos de Tierra Santa, la precariedad democrática iberoamericana, hasta las crisis nucleares, que se viven con honda preocupación, en Irán y Corea del Norte, merecieron la atención en un día de tanta significación religiosa para el Santo Padre que pronunció palabras de aliento para abogar por la paz en todos los confines de la Tierra. Bendice el Papa, “Urbi et Orbi”, a Roma y al mundo, con la advertencia clara y solemne de vivir una conmoción internacional marcada por las expresiones de sufrimiento, que sólo podrán mitigarse con un profundo anhelo de amor, de libertad y de entendimiento humanos.

En cada Resurrección de Cristo a la vida, tras la Pasión, hay una oportunidad que el Papa no ha querido desperdiciar para recordar a los cristianos que con nuestra fe podemos convertir ese acontecimiento dichoso en nuestra propia resurrección y esperanza. Un mensaje emotivo, oportuno y hondo que no nos puede dejar indiferentes.

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