América, Economía y Sociedad

Venezuela está sumida en el desastre

En los últimos 9 años Venezuela ha perdido nada menos que el 80% de su PBI, lo que no tiene parangón en la historia del país


La Universidad Católica Andrés Bello acaba de confirmar, con cifras absolutamente indiscutibles, el gigantesco desastre económico-social en el que el “chavismo marxista” ha sumido a la decaída Venezuela, país que hasta no hace mucho fuera ciertamente próspero en función de su reconocida riqueza en materia de hidrocarburos.
 
El estudio aludido concluye que hoy un 76,6% de los venezolanos vive en la pobreza extrema. Lo que supone que, con sus ingresos, no puede atender siquiera sus necesidades alimentarias esenciales. No es sorprendente, desde que el 94,5 % de los venezolanos tiene ingresos promedio de apenas unos 1,9 dólares diarios.
 
Por esto y por la falta absoluta de libertad personal, unos cinco millones de venezolanos ya han dejado atrás a su Patria, cuya población total, recordemos, es de unos 28 millones de habitantes.
 
Lo cierto es que, en los últimos 9 años Venezuela ha perdido nada menos que el 80% de su PBI, lo que no tiene parangón en la historia del país.Ni en el de la región. Una debacle lamentable, que obviamente llena de profunda tristeza a propios y extraños. Su padre indiscutido es el marxismo chavista.
 
Sólo el 50% de los venezolanos tiene hoy un trabajo estable. Pero entre las mujeres, mucho más perjudicadas, esa triste proporción es de apenas el 33%. Sólo una de cada tres mujeres tiene hoy, por lo demás, acceso al trabajo estable.
 
La distorsión social venezolana es realmente tan grande, que muchos gastan más para trasladarse a trabajar, que los ingresos que por ello perciben. Están, entonces, en una situación desesperante. Las remuneraciones del sector privado, por lo demás, promedian unos 50 dólares mensuales. Poco y nada.Miseria, más bien.
 
Apenas el 65% de los jóvenes venezolanos de menos de 24 años cursan estudios. En un año, solamente, ello significó a una caída del orden de un 5%. Brutal, entonces.
 
Sólo el 17% de esos jóvenes cursa estudios terciarios. Menos de uno de cada cinco, queda visto.
 
Para todos ellos, el desánimo está claramente generado por una lógica y desesperanzadora incredulidad acerca de su futuro, que aparece como sombrío, cada vez más.
 
 
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
 

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