La economía alemana creció un 3,6% en 2010, duplicando el crecimiento medio de la Unión Europea.
Allí acabaremos todos a este paso. Como tantos españoles que emigraron al país germano en los años 60. Una desigual experiencia que el director de cine Pedro Lazaga llevó a la pantalla con gran éxito en una película que se debate entre la comedia y la depresión.
La economía alemana creció un 3,6% en 2010, duplicando el crecimiento medio de la Unión Europea. El PIB experimentó el mayor incremento desde la reunificación del país en 1991. Además, lo tienen todo: fuertes exportaciones y notable demanda interna. Por si fuera poco, el ministro alemán de Economía, Rainer Brüderle ha anunciado que caminan hacia el pleno empleo. Contraste brutal con nuestras paupérrimas esperanzas de recuperación, nuestra crisis galopante y nuestro paro desbocado.
Mientras la Oficina Federal de Estadísticas (Destatis) hacía públicos los mejores datos sobre el crecimiento económico alemán, Zapatero lloraba en los hombros de los empresarios más pudientes anunciando que la agonía española será larga y comenzará a operar sobre el empleo en 2015. Hay que hacer reformas, sí o sí.
La tradicional cuesta de enero se antoja ahora en España un macizo montañoso, una cordillera de picos impracticables. La locomotora alemana nos saca mucha ventaja, ha encarado con éxito el futuro y, paradójicamente, todavía se duda de que Ángela Merkel pueda ganar el apoyo de los ciudadanos en unas próximas elecciones. Con los datos de España, nuestro Gobierno debería, entonces, salir corriendo. Y nosotros también, a Alemania
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