la norma no escrita por Aznar de reducir a dos los mandatos es una práctica que nadie podrá saltarse
Un ex ministro socialista, Jerónimo Saavedra, ha declarado que Zapatero no debe presentarse en las próximas elecciones generales. Hasta ahí la novedad no es mucha. Coinciden con este político, actual alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, muchísimos españoles, parece que una clara mayoría. Saavedra dice además, en una entrevista radiofónica, que su opinión “refleja un pensamiento dentro del partido socialista que no se está dando a conocer públicamente”. Cree que no hay ningún escándalo en pensar así y en hacerlo público. Esta es una posición menos frecuente y más valiosa en términos informativos.
A partir de ahora, cada vez que oigamos que Zapatero se lo está pensando, que su círculo más próximo lo jalea para repetir o que las bases socialistas reclaman su inexcusable concurrencia electoral sabremos que, en realidad, lo están queriendo jubilar.
Siempre he pensado que la norma no escrita por Aznar de reducir a dos (ocho años) los mandatos en el Gobierno iba a ser en el futuro una práctica que nadie podrá (deberá) saltarse. Los ciudadanos estiman muy saludable una limitación como esa que permite al gobernante retratarse con toda nitidez sobre sus capacidades y balance de gestión. Y esto último es el argumento definitivo para desaconsejar a Zapatero que lo vuelva a intentar.
Su desgaste político es imparable y rotundo. La única, casi remota, posibilidad que tiene el PSOE de frenar un anunciado batacazo electoral es cambiar de candidato. Otra cosa será que, puestos a perder de todas todas, sea mejor que lo haga el que está y no sacrificar a otro. Pero esto es harina de otro costal.
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