Santi Lucas
Rodríguez Zapatero persigue hoy en el Parlamento Europeo un aval público internacional para su diálogo privado y desconocido con la banda terrorista ETA. Se lo habían reclamado así los propios terroristas, siguiendo una estrategia de “politizar” la negociación al máximo nivel y amplificar sus pretensiones en forma de un conflicto entre iguales. “Gane quien gane la votación, ETA ya ha ganado porque este debate sólo divide a Europa”, ha declarado contundente el líder del PP, Mariano Rajoy. De nuevo la sociedad española fracturada ante una iniciativa de Zapatero; de nuevo la escenificación institucional del desacuerdo; de nuevo las víctimas manifestándose en la calle para reclamar dignidad.
El presidente del Gobierno español hace denodados esfuerzos por dividir y fomentar la polémica en torno a ETA, anteponiendo las metas políticas a una paz sin condiciones. Su objetivo de lograr la paz parte de una consideración meramente intuitiva, no es la réplica razonable a la voluntad patente de los terroristas de abandonar definitivamente las armas. Contra la apariencia, Zapatero no está respondiendo a una oportunidad histórica que no se puede dejar pasar y que viene a culminar una sincera y codiciada aspiración colectiva. Rodríguez Zapatero carece de la reputación de fiabilidad en este terreno para actuar en nombre del conjunto de los españoles.
Ahora no existe, ni en España ni en Europa, el consenso social básico ni la imprescindible unidad política que durante años permitió una eficaz y resuelta lucha contra el terrorismo en todas sus expresiones. Roto el pacto por las libertades y contra el terrorismo y cuestionada la ley de partidos, Rodríguez Zapatero busca la paz que lo glorifique como gobernante sobre la única base del inmenso anhelo del pueblo para lograrla. Pero, cualquier análisis del mal llamado proceso de paz revela que es ETA-Batasuna la que conduce y orienta los pasos del Gobierno. El guión del proceso está escrito por ETA, dentro y fuera de España.









