Argentina tiene aún mucho que hacer para aumentar su competitividad externa y seguir creciendo, ofreciendo precios más bajos que los actuales.
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Martes, 21 de julio 2026

Argentina tiene aún mucho que hacer para aumentar su competitividad externa y seguir creciendo, ofreciendo precios más bajos que los actuales.
Desde que la populista y fracasada gestión de Cristina Fernández de Kirchner terminara, el sector agropecuario argentino (ciertamente el más dinámico de la economía de la Argentina) ha vuelto a crecer. Lo hizo al impulso de una eliminación progresiva de los perversos “derechos de exportación” con los que la resentida e intervencionista Sra. de Kirchner castigara duramente al sector.
Las cifras ya lo demuestran. Veamos, por ejemplo, que es lo que ha sucedido con la carne roja argentina. El stock ganadero total argentino al comenzar la desgraciada gestión del matrimonio Kirchner, en el 2006 entonces, era de unos 58 millones de cabezas con las que el país producía una de las mejores carnes vacunas de exportación del mundo entero.
En el 2010, había caído a apenas unos 48 millones de cabezas. Una reducción del orden del 20,8% en el stock fue el desastroso resultado del primer quinquenio de la gestión populista.
Ahora ese stock se está recuperando. Lentamente. Al ritmo de 1,36% anual. Ya es de unos 53 millones de cabezas. Y la tendencia pareciera ser la de seguir aumentando y recuperándose.
Por ello no es sorprendente que las exportaciones de carnes vacunas también se recuperen. En el primer trimestre de este año crecieron un sólido 32% respecto de igual período del año pasado. Anualizados, los volúmenes de exportación de carnes rojas están creciendo a un saludable ritmo del 24%.
Todo esto es consecuencia directa de haber comenzado a movernos en dirección hacia la libertad económica y del aumento natural de la confianza que ello generara en los productores argentinos.
La provincia de Buenos Aires es la que de alguna manera lidera esa recuperación, con el 34% del stock nacional argentino. Pero ella no es la provincia que más ha crecido. Río Negro la dejó atrás, desde que su stock vacuno creció el año pasado un 7,8% anualizado. Salta creció un 4,6%. Mendoza un 6,5%. Y Santiago del Estero un 4,71%.
En materia de granos, las noticias también son óptimas. Este año la cosecha será record, desde 1810, cuando naciera la Argentina.
Hablamos de 130 millones de toneladas. El crecimiento más rápido se ha dado en el maíz. Este año la cosecha será de 48 millones de toneladas. Record absoluto. Un 21% más que el año pasado.
Con esto el “interior” argentino se reactivará fuertemente. La mayor demanda de bienes y servicios beneficiará a la economía toda. Más allá del agro. De allí que para el 2018 la Argentina proyecte un crecimiento del orden del 3% de su PBI. Una “nueva era”, con el populismo de lado, parece haber comenzado a hacerse evidente. Era hora.
Lo realmente sensacional es que todo esto sucede mientras la brecha entre los precios que recibe el productor agropecuario y los que pagan los consumidores urbanos en las góndolas de los supermercados es realmente enorme. Casi increíble.
Los productores agropecuarios argentinos reciben, en promedio, apenas un 22,9% del precio que finalmente pagan los consumidores. En el camino desde el campo hacia el consumo, los precios de los productos del agro argentino aumentan un insólito 77%.
Lo que desde luego sugiere que la Argentina tiene aún mucho que hacer para aumentar su competitividad externa y seguir creciendo, ofreciendo precios más bajos que los actuales. Y, además, que una buena parte del país sudamericano vive efectivamente “colgada” del campo, aprovechando su innegable competitividad.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
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