América, Economía y Sociedad

Brasil condiciona –con razón- la preservación ambiental en el Amazonas

El ministro de medio ambiente brasileño acaba de estimar que la contribución del resto del mundo debiera ser del orden de unos mil millones de dólares, con lo que se podría reducir la de-forestación en un 40%, en los próximos 12 meses.


En los últimos años, distintos países del mundo, así como diversas organizaciones internacionales, han presionado fuertemente a Brasil para que tome más medidas de preservación del medio ambiente en el Amazonas. Esto es fácil, cuando presionar no supone erogación alguna. Pero lo cierto es que el Amazonas es parte del Brasil, esto es parte de su innegable integridad territorial, sobre la que Brasil tiene indiscutidos derechos soberanos.
 
La actual postura de Brasil es que, para proteger el Amazonas, necesita el apoyo económico del resto del mundo. El ministro de medio ambiente brasileño acaba de estimar que la contribución del resto del mundo debiera ser del orden de unos mil millones de dólares, con lo que se podría reducir la de-forestación en un 40%, en los próximos 12 meses.
 
Brasil quiere que ese pago se haga por adelantado. Los países europeos quieren, en cambio, que Brasil muestre resultados, antes de cualquier contribución económica que se les requiera. Ambas partes quieren, entonces, que su contraparte dé el primer paso.
 
Bajo la presidencia de Jair Bolsonaro, desde el 2019, la deforestación del Amazonas brasileño ha crecido a un ritmo que hasta ahora era desconocido, por elevado. El año pasado solamente, Brasil deforestó unos 11.000 kms2. de selva amazónica.
 
De la montaña de dinero antes aludida que Brasil requiere, la tercera parte debería destinarse a vigilar el cumplimiento de los parámetros ambientales que se acuerden y correspondan. El resto se destinaría al desarrollo económico del Amazonas, para reemplazar la deforestación.
 
Según Brasil, el 84% del Amazonas puede considerarse como preservado.
 
Brasil ha recibido ya centenares de millones de dólares destinados a financiar la defensa del medio ambiente en el Amazonas. Lo cierto es que, para limitar su propio desarrollo en esa región, parece legítimo que Brasil requiera el apoyo económico concreto de otras naciones a las que –por su insistencia- esa preservación pareciera interesar enormemente.
 
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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