América, Política

Brasil en un inmenso pantano de corrupción

Las investigaciones y acusaciones judiciales contra los políticos de más alto nivel en materia de corrupción siguen explotando constantemente en Brasil.


                                                                                
Una tras otra. Tan es realmente así, que ya no impresionan demasiado. La semana pasada, una investigación judicial que nuevamente apunta contra el propio presidente de Brasil, Michel Temer, lo definió como “la cabeza de una asociación criminal e ilícita desde mayo de 2016”. Curiosamente, con esas mismas tristes palabras, una investigación similar avanza raudamente contra la ex presidente de la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, en su propio país. Ella hace que la posibilidad de ir a la cárcel por actos de corrupción burda para Doña Cristina está creciendo exponencialmente. Es cierto, esa alternativa ya no sorprendería a nadie.

Los montos y los hechos son de no creer. Demenciales. La semana pasada, un ex ministro del presidente Temer, Geddel Vieira Lima, fue aparentemente sorprendido cuando los investigadores que le pisaban los talones encontraron, en su propia casa, más de 16 millones de dólares, en efectivo. Impresionante, pero ha sido así. ¿Y si esos dineros fueran tan sólo la punta de un inmenso iceberg?

Mientras tanto, la Bolsa de San Pablo, claramente impertérrita frente a todo esto, alcanza nuevos records. Como si nada malo pasara. Los inversores no están asustados. Para ello todoses normal, aparentemente.

La popularidad de Temer, como cabía suponer, está por el suelo. Apenas un 5% de los brasileros aprueba su gestión. Pero él sigue adelante y apunta a llevar a cabo reformas que lucen fundamentales para poder sacar a la economía brasileña de su larga siesta y del peligro de que ella continúe. Me refiero a reducir el déficit fiscal; privatizar y llevar a cabo una reforma impositiva de magnitud. Y a una reforma de la asfixiante legislación laboral que ha terminado por lastimar profundamente el crecimiento de Brasil. A punto tal, que sólo en los dos últimos años, su economía se encogió en un tremendo 7,4%. A lo que cabe sumar la posibilidad de reformarel sistema jubilatorio. Todos y cada uno de esos temas son enormes y poder resolverlos bien supone enfrentar un desafío realmente gigantesco para el futuro del Brasil. Y cortar el cepo normativo que hoy tiene al país efectivamente paralizado.

En los dos últimos trimestres la economía de Brasil ha dejado de caer. Creció, en cambio, modestamente. Un 0,2% del PBI. Pero una brisa optimista ha comenzado a soplar nuevamente desde que las proyecciones de crecimiento de Brasil para el año que viene hablan de una tasa anualizada de entre el 1,5% del PBI y el 3% del PBI. Nada mal.

Uno de los grandes responsables de la caída de Brasil, el ex presidente “Lula” da Silva, está también asediado por las acusaciones de corrupción que se acumulan en su contra. No obstante, insiste en que, pese a ellas, será nuevamente candidato a la presidencia de su país. Lo que es una burla a sus conciudadanos y habla de una sed insaciable de poder que luce obviamente injustificada a la luz de lo que “Lula” hiciera cuando le tocó en suerte gobernar a su hoy decaído país. Pero muchos no parecen creer que la corrupción es un factor que debiera alejar necesariamente al ambicioso “Lula” de intentar una nueva carrera presidencial.

Algo bastante parecido ocurre, en raro paralelo, en la Argentina con las graves acusaciones de corrupción contra el ex ministro de Cristina Fernández de Kirchner, el arquitecto Julio De Vido, al que sus colegas de la Cámara de Diputados se negaron mayoritariamente a expulsar de su seno, pese a la aparente verosimilitud de los serios cargos que se le formulan.

La corrupción parecería no ser rechazada, sino tolerada, por casi un tercio de los votantes en ambos países. Lo que no es precisamente para aplaudir, sino para llorar, desde que ello sugiere que hay partes importantes de ambas sociedades para las que la corrupción, en si misma, no está necesariamente mal.

Si a ello sumamos la reciente renuncia del vice-presidente del Uruguay, Raul Sendic, por haber usado su tarjeta de crédito oficial para comprarse ropa, joyería, artículos deportivos, etc.., el tema de la aceptación de la corrupción pública no es, para nada, menor. Anida según queda visto en algunos rincones visibles, que realmente están en lo más alto de la vida política en los tres países sudamericanos antes referidos.
 
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

 

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