América, Política

Burlona actitud del presidente Mújica ofende a los paraguayos

El nuevo presidente de Paraguay ha anticipado, con razón, que su país no concurrirá a las reuniones de Mercosur, hasta que sus comportamientos sean conforme a derecho

Paraguay, es historia, fue ilegalmente suspendido de Mercosur en junio del año pasado. También lo fue de Unasur. Ambas organizaciones respondieron así a las fuertes presiones de las presidentes de Argentina y de Brasil, Cristina Fernández de Kirchner y de Dilma Rousseff, quienes aprovecharon raudamente la destitución del ex obispo Fernando Lugo, a la sazón presidente de Paraguay, por parte del Congreso paraguayo, para calificarla arbitrariamente de “golpe” y sancionar a Paraguay con una suspensión que permitiera -ilegalmente- el vertiginoso ingreso de Venezuela a ambas organizaciones. Hablamos de un ingreso que, hasta entonces, Paraguay, conforme era su derecho, vetaba sistemáticamente. Precisamente, porque Venezuela no era ya una democracia, lo que estaba y sigue estando clarísimo.
 
Después de una transición impecable, Paraguay tiene ya un nuevo gobierno que ha sido elegido en las urnas. Libremente. Es el encabezado por Horacio Cartes, quien, al tiempo de escribir estas líneas, es todavía presidente electo.
 
Por esto, como si nada hubiera pasado, desde el Mercosur se invitó a Paraguay a recuperar su carácter de Miembro Pleno de la organización. En Mercosur, a partir del 15 de agosto. Aunque con Venezuela dentro de la organización, como un arbitrario “hecho consumado”, pese a que Paraguay no ha aprobado su ingreso al Mercosur, como correspondería. El mal trato a Paraguay es evidente. Inmerecido y hasta ofensivo.
 
Por esto, el nuevo presidente de Paraguay ha anticipado, con razón, que su país no concurrirá a las reuniones de Mercosur, hasta que sus comportamientos sean conforme a derecho.
 
Ocurre que Paraguay había pedido la presidencia pro-tempore de Mercosur, la que le fue denegada, para ser conferida en cambio a Nicolás Maduro, el ilegítimo presidente de Venezuela, quien -por su parte- se ha negado a realizar la auditoría completa del reciente proceso electoral que le fuera requerida expresamente por Unasur. Las sospechas de fraude se confirman entonces, en función de su propia conducta y de su renuente actitud. Sus respuestas fueron reticentes primero y negativas después. De allí el extendido, creciente y comprensible cuestionamiento a su legitimidad como mandatario venezolano.
 
En ese complicado escenario, el presidente uruguayo, José Mujica -siempre con una lengua entre burlona y filosa- mientras estaba de visita oficial en Cuba (cuando no), ante la posición paraguaya dijo, en abierto tono de chanza, que su país estaba dispuesto a cederle a Paraguay “todas las presidencias que puedan tocarle al Uruguay al frente del Mercosur”. En lo que luce como una suerte de propuesta de “premio consuelo”, que ciertamente el presidente oriental no está autorizado a ofrecer, por lo que nadie puede tomarlo en serio, ni siquiera medianamente. 
 
Esta presunta ironía devino ofensiva y generó, como cabía esperar, la reacción airada de los medios paraguayos. Con razón, porque es por lo menos una inoportuna falta de respeto.
 
Mientras tanto, las autoridades de Paraguay, en actitud inusual, pero ciertamente no inesperada, no invitaron a Nicolás Maduro a la ceremonia de asunción presidencial de Horacio Cartes. Por razones elementales de defensa de su dignidad como nación, seguramente.
 
Ocurre que no pueden olvidar que Maduro -en violación obvia, descarada y directa del principio de no intervención en los asuntos internos de otros estados- cuando todavía Fernando Lugo era presidente, instó (en el interior del propio palacio presidencial paraguayo donde Maduro estaba circunstancialmente) a los tres Comandantes de sus Fuerzas Armadas nada menso que a alzarse en contra de la Constitución de su país. Lo que fue burdo y absolutamente inaceptable. Además de imperdonable., desde que conformó un episodio de muy mal gusto que la historia seguramente registrará para siempre.
 
Así están las cosas. Complicadas, por cierto.
 
Mientras tanto, la presidente brasileña Dilma Rousseff ha confirmado ya su asistencia a la asunción de Cartes.
 
Cristina Fernández de Kirchner -derrotada en las recientes primarias nacionales argentinas- también lo ha hecho. Y hay quienes sugieren que (desquiciada) tuvo un fuerte temor a la rechifla que su presencia pudiera haber generado en Asunción. No sólo por la cuestión de Mercosur. También por el absurdo hostigamiento económico de la administración argentina al Paraguay realizado durante la transición paraguaya, a partir de la caída de Lugo, que ocurrió en todos los frentes y se llevó a cabo “a cara descubierta”. Esto es, sin mayor disimulo. Una pena por el daño tonto que todo esto ha hecho a una relación que nunca debió salir del andarivel normal: el de la fraternidad argentino-paraguaya.
 
 
 
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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