América, Política

El desastre venezolano continúa profundizándose

Pero la pobreza es a veces un negocio político, créase o no. Porque mantenerla permite distribuir subsidios, a cambio de votos y simpatía.


Una de las pocas cosas que el gobierno venezolano de Nicolás Maduro aún no ha prohibido, ni censurado, es la llamada Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela, publicada regularmente por las principales universidades del país. Sus datos recientes confirman la situación de desastre a la que el comunismo, disfrazado de “bolivariano”, ha llevado a Venezuela. Nada menos que el 48% de los hogares venezolanos están en situación de pobreza, dos puntos más que el año pasado. Prácticamente la mitad de los venezolanos son ahora pobres y, como si eso fuera poco, viven penosamente, en medio de la hiperinflación.
 
Apenas el 29% de los venezolanos, esto es menos de la tercera parte, tiene agua corriente. En esto la caída ha sido abrupta, desde que el año pasado el 45% de los venezolanos manifestó tener agua corriente.
 
En materia de energía eléctrica, apenas el 18% de los venezolanos -menos de la quinta parte, entonces- recibe electricidad sin interrupciones. El 25% de los venezolanos señala, además, que la luz eléctrica se les corta, por varias horas, todos los días. Eso es vivir en un infierno, particularmente para los mayores y para las familias con niños.
 
Pero la pobreza es a veces un negocio político, créase o no. Porque mantenerla permite distribuir subsidios, a cambio de votos y simpatía. Esto es someter a la gente a una suerte de opaca esclavitud. Esta no es solo la fórmula de Nicolás Maduro, sino que fue la del matrimonio Kirchner, todo a lo largo de sus desastrosos 12 años de gestión en la República Argentina. No es extraño entonces que el 63% de los venezolanos reciba subsidios de su gobierno, incluyendo a través de cajas de alimentos que se distribuyen a un poco más de 16 millones de venezolanos a través de esquemas en los que fácilmente anidan la corrupción y los privilegios. Para esto el 90% de los venezolanos tienen el llamado “Carnet de la Patria”, sin el cual el acceso a los subsidios y privilegios es imposible.
 
En medio del desastre descripto, Nicolás Maduro sigue siendo autoritario. Acaba de ocupar, temporalmente, 21 mataderos públicos y privados en los que se acondiciona la carne para ser vendida al público. Un kilo de carne cuesta 2.000 bolívares en un país en el que el salario mínimo acaba de ser incrementado a 4.500 bolívares. Esto es a 50 dólares en el mercado oficial y a apenas 10 dólares en el mercado negro. No es extraño que el año pasado nada menos que seis de cada diez venezolanos, o sea casi 2/3 de la población total, perdiera, en promedio, once kilos de peso, por falta de alimentación adecuada. Una situación de horror, es obvio.
 
Pese a todo esto el nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, acaba de invitar a Nicolás Maduro a su ceremonia de asunción del mando. Esto ha puesto al nuevo gobierno de México, desgraciadamente, absolutamente de espaldas a los venezolanos que viven en medio del desastre que hemos comentado. Apoyar a Nicolás Maduro es, de alguna manera, endosar las políticas de gobierno que han enterrado a los venezolanos en la pobreza. El resto de la región ha preferido –en cambio- aislar a Venezuela. El nuevo gobierno izquierdista de México acaba de asumir una actitud diferente. No obstante, es probable que cuando Jair Bolsonaroasumala presidencia de Brasil, las relaciones bilaterales de Brasil y Venezuela exterioricen rispidez.
 
Por el momento, México, respecto de la tiranía de Venezuela, está adoptando –queda visto- una postura distinta a la del “Grupo de Lima”, al que pertenece nuestro país. El cambio político que supone la llegada del izquierdista Andrés Manuel López Obrador parece –por ahora- haber beneficiado a Nicolás Maduro. Para los venezolanos que hoy están empantanados en la pobreza y gobernados desde el autoritarismo esta es una situación difícil de explicar. No obstante, la actitud del nuevo gobierno mexicano debe ser denunciada, de modo que no quede oculta respecto de los demás países de nuestra región. Es un error, bien serio y no sin consecuencias.
 
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
 

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