América, Política

El “kirchnerismo”, un desmesurado e interesado “culto” al Estado

En la Argentina post-Kirchner hay más de 18 millones de ciudadanos y ciudadanas que viven del Estado. Cuando, antes de los Kirchner, los que vivían del Estado eran apenas unos 8 millones setecientos mil personas.


Ya, felizmente, no hay nadie con el apellido Kirchner encaramado en la cúspide del poder político argentino. Ni climas intimidatorios, ni amenazas flotando en el aire, ni insultos pronunciados -rutinaria e incansablemente- desde los medios públicos cuyos destinatarios eran todos aquellos que pensaban distinto del gobierno y se animaban a hacerlo público. La Argentina está volviendo ahora a ser lo que era, un país normal. No sin esfuerzo y con el coraje que supone siempre enfrentar a los totalitarios y sufrir, en consecuencia, sus perversos embates. 

Por todo esto, entre otras cosas, es bueno comenzar a desagregar los distintos desastres que conforman el pretendido “legado” de los Kirchner y definirlos como corresponde. Para la historia, de modo que se sepa qué hicieron con un país próspero, transformándolo (no por obra de la casualidad) en un enorme pantano económico-social en el que cada vía de salida tendrá un altísimo costo para todos y cada uno de los argentinos. Y en el que la pobreza se incrementó notoriamente, porque el populismo siempre transforma al pobre en cliente. 

Una de las principales estrategias utilizadas por los kirchneristas fue la de agrandar, en todo lo posible, el “sector público”, aquel que pocas veces crea riqueza genuina. El economista Orlando Ferreres acaba de dar a conocer algunas cifras particularmente aleccionadoras: en la Argentina post-Kirchner hay más de 18 millones de ciudadanos y ciudadanas que viven del Estado. Cuando, antes de los Kirchner, los que vivían del Estado eran apenas unos 8 millones setecientos mil personas. 

Más del doble hoy. Un salto exponencial. Y ciertamente no casual. Una porción enorme de la población de la Argentina, esto es nada menos que el 41,5% de ella, vive entonces explícitamente “colgada” del Estado.   

Sobre 30 millones de argentinos con capacidad de votar, hablamos entonces de nada menos que más de la mitad de los posibles emisores de voto. Muchos de ellos son, cabe advertir, verdaderos votos “cautivos” del estatismo y del populismo, porque muchos empleados públicos, pensionados, jubilados, y distintos tipos de contratados del Estado, etc… naturalmente defenderán sus privilegios, que no querrán perder nunca. Y votarán a quién prometa mantenerlos. 

Trabajar a medias y no correr riesgos de ningún tipo, no es poco para quienes con frecuencia no tienen demasiados deseos de esforzarse, sino que priorizan poder pasar sus días más o menos bien. Pero, mucho cuidado, porque así -calladito- estructura su predominio político fáctico el populismo, cuando se apodera del poder. 

Esta mochila es muy pesada y dura mucho. Provoca déficits. Y de alguna manera paraliza, como queda demostrado por los cuatro años sin crecimiento alguno con los que culminara la larga y dañina “gestión” kirchnerista de la Argentina. De alguna manera, esa mochila también emboba. Y agobia y sofoca al sector privado, que es el que finalmente siempre crea genuinamente riqueza y oportunidades de trabajo productivo. 

Por eso el estatismo es una verdadera droga. Y una plaga, que debe identificarse y cuantificarse para advertir la magnitud de su peso relativo y sus efectos paralizantes sobre la sociedad toda. 

Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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