El próximo 17 de febrero, en Ecuador, tendrán lugar las elecciones presidenciales para el período 2013-2017. La campaña electoral acaba de comenzar. Conforme a la ley electoral ecuatoriana, debe ser corta. Tanto, que culminará el 14 de febrero.
Sólo durante el período de la campaña está permitido que los partidos políticos incurran en “gastos electorales”. Y hay un “techo” para los mismos: 1,7 millones de dólares para cada binomio que compita en la elección. Más que eso, está prohibido. Durante la campaña, los medios de comunicación tienen restringida severamente la posibilidad de opinar sobre los candidatos, sus dichos y sus propuestas concretas. Sólo pueden informar, fríamente.
Hay ocho candidatos presidenciales. Pero también unos 1.400 aspirantes a los distintos cargos que se dirimirán asimismo en las elecciones que se aproximan. Hablamos de 137 diputados y cinco parlamentarios andinos. Unos 11,5 millones de ecuatorianos estarán habilitados para votar.
Entre los candidatos presidenciales está, como se esperaba, el bolivariano y enemigo feroz de la libertad de prensa y, peor aún, del sistema interamericano de protección a los derechos humanos y libertades esenciales: Rafael Correa, quien está en el poder desde enero de 2007. Fue re-electo -por primera vez- en el 2009.
Compiten contra él: Guillermo Lasso, que se asoma como el rival de mayor fuste; el ex presidente Coronel Lucio Gutiérrez, que no se resigna a salir del mundo de la política, pese a sus fracasos al tiempo de gestionar a su país; el centrista Mauricio Rodas y los izquierdistas Alberto Acosta y Norma Wray, que hasta no hace mucho eran aliados de Correa, lo que no debiera sorprender demasiado, por razones de identidad ideológica.
También aparecen en la “grilla” de largada, el pastor evangélico Néstor Zavala, que compite al fracasar (no demasiado sorprendentemente) la candidatura del ex presidente Abdalá Bucaram, exiliado en Panamá, y el multimillonario empresario bananero -que ya ha cosechado una larga serie de fracasos en el escenario de la política- Alvaro Noboa.
Las encuestas sugieren un triunfo fácil de Correa. En efecto, este aparece con una alta intención de voto, del orden del 60,6%. Si fuera así, sería casi imbatible. Le siguen, Guillermo Lasso, con el 11,2% de la intención; Lucio Gutiérrez, con un 4,5%. Los que anuncian sus votos en blanco conforman un 10,8% del electorado ecuatoriano y los que -en cambio- indican que emitirán votos directamente nulos son un 6,9% del total. Casi una quinta parte del electorado ecuatoriano se autodefine como “fuera de concurso”, antes de siquiera culminar la campaña que, en rigor, acaba de empezar. Demasiado alto, como porcentaje como para no preocupar seriamente por el nivel de auto-exclusión que supone.
Correa pidió licencia. Y la obtuvo, por 30 días. A cargo de la administración nacional por ese breve período quedó entonces Lenin Moreno, el actual vicepresidente de Ecuador.
Por lo menos cuatro de los distintos candidatos presidenciales están en pleno frenesí de campaña. Entre ellos, desde luego, Rafael Correa, con su “Alianza País”, que inició su campaña en la ciudad de Guayaquil, que no es precisamente su territorio más favorable. Se mueve en un llamado “Correa-móvil” y a su llegada, las calles de las ciudades se han transformado en calles de una sola mano, para así favorecer el tránsito de su larga y protegida caravana. Pese a lo cual, apenas comenzada la campaña una de sus camionetas con sus acompañantes, seguramente cegados por el “fervor correísta” embistió a un niño de sólo 10 años. Su conductor, que huyó cobardemente, circulaba de contramano. El inocente niño está hospitalizado, con contusiones y fracturas.
Mauricio Rodas también tiene su caravana vehicular de seguidores, compuesta de unos 50 vehículos. Primero recorrió la llamada “Sierra”, esto es el centro mismo del país. Sus militantes, agrupados en “Suma” aspiran a una segunda vuelta electoral. A su paso algunas organizaciones indígenas independientes le expresaron su apoyo. De allí siguió a Ambato, recorriendo sus calles a píe.
Guillermo Lasso inició su periplo electoral en Manabí y de allí siguió a Manta y Portoviejo, altavoz en mano, en compañía de sus candidatos a asambleístas.
El ex presidente Lucio Guzmán puso en movimiento a su esfuerzo electoral en la provincia de Guayas. El candidato de “Sociedad Patriótica” incluyó entre sus primeros pasos una visita a una penitenciaría local. De allí siguió a Manabí y a Santo Domingo de los Tsáchilas. También Lucio Gutiérrez tiene su propia caravana motorizada, con la que se desplaza. Banderas, pitos, tambores, gritos y carteles de todo tipo se despliegan a su paso, para así edificar el “clima” que los candidatos tratan de conformar a su favor.
La intensa actividad política propia del trajinar de las campañas electorales está en marcha. Acotada temporalmente, lo que naturalmente favorece a quién está en el poder; y limitada económicamente, lo que también lo ayuda. Y con la prensa semi-amordazada, episodio que sólo es una expresión más de la auténtica fobia contra la libertad de expresión que define al claramente autoritario Rafael Correa, que -bolivariano ferviente- no oculta su deseo de reemplazar a Hugo Chávez como líder regional de la izquierda radical.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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