La situación alimentaria se ha transformado en una pesadilla para los venezolanos de menores ingresos. Constante. Hay entonces que perder tiempo en buscarlos en el mercado “negro”, que es una opción, pero insegura. Hay, además, otros productos que “aparecen”, pero que están sujetos a límites cuantitativos. Por ejemplo, el pan, que sólo se vende con el “techo” de dos unidades por persona. O el pollo entero, también con un límite de dos unidades por persona.
Más allá de la retórica fácil, los “bolivarianos” venezolanos están sometiendo a su pueblo a un vendaval constante de tontas penurias. Hasta para poder comer. Hoy Venezuela, como todos los regímenes colectivistas, es absolutamente incapaz de alimentar a su gente. Tiene, entonces, que importar buena parte de lo que allí se come.
Como, además, Venezuela tiene una inflación galopante, la situación alimentaria se ha transformado en una pesadilla para los venezolanos de menores ingresos. Constante.
La última medición difundida, la que corresponde al mes de marzo, sugiere que el salario mínimo (3.270 bolívares) sólo permite cubrir, en el mes, el 45% de la canasta alimentaria básica. Porque ésta costaba, en marzo, unos 7.245 bolívares. Comparada con el costo de la de febrero, un 6,3% más cara, en apenas un mes. Subieron: la leche, los quesos, la fruta, los huevos, el pescado, las verduras, las bebidas sin alcohol, los cereales, esto es todo.
Como si esto fuera poco, en promedio, la cuarta parte de los productos alimenticios básicos simplemente no está en los anaqueles venezolanos. Falta, entonces. Simplemente, no existen en el mercado.
Hay entonces que perder tiempo en buscarlos en el mercado “negro”, que es una opción, pero insegura. Hay, además, otros productos que “aparecen”, pero que están sujetos a límites cuantitativos. Por ejemplo, el pan, que sólo se vende con el “techo” de dos unidades por persona. O el pollo entero, también con un límite de dos unidades por persona. O el azúcar, la leche, el aceite, la harina, el arroz, las pastas, el café, etc. Esta es otra manera de paliar y ocultar (mal) el fenómeno de la escasez. Y de hacer sufrir mucho a la gente que, resignada, pierde tiempo en un deporte nuevo, en el que Venezuela disputa el campeonato mundial con Cuba, el de la caza permanente de alimentos.
Queda visto que Venezuela ya está emulando, y bien, a Cuba, cuya gente vive desde hace medio siglo, en una situación llamativamente similar. Cuando se acaba el dinero, mes a mes, los cubanos “se las rebuscan”. Por derecha o por izquierda. Pero sobreviven, en lo que es un insólito ejercicio colectivo de picardía, al que dedican ingentes esfuerzos. Lo que es todo lo contrario a aumentar la productividad de su economía, según es obvio.
En el primer trimestre de este año, los precios de los alimentos básicos venezolanos treparon un sólido -y perturbador- 13%. Anualizado, esto sugiere que existe una tasa de inflación en los precios de la alimentación de nada menos que el 69,1%. Una verdadera locura, que muestra la total ineptitud de Nicolás Maduro. Con dos salarios mínimos en el bolsillo, el dinero simplemente no les alcanza a los venezolanos para comer. Un régimen populista y dictatorial, que dice favorecer al pueblo, lo disimula muy bien. Esta es la verdad. No otra.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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