Hace muy pocas semanas nos animamos a predecir -no sin algún grado de audacia- que, de pronto, la izquierda uruguaya podría, antes de fin de año, terminar siendo desalojada de la presidencia del Uruguay. En una segunda ronda electoral, que se aproxima y que promete ser bien competitiva.
Así lo está confirmando alguna primera encuesta reciente que acaba de aparecer y que sugieren que la coalición de partidos tradicionales, esto es los partidos Blanco (Nacional) y Colorado, esencialmente de centro, obtendrían hoy, amalgamados, un 51,54 de los sufragios totales y el Frente Amplio (qué está en el gobierno y aglutina a la izquierda) un 40,98%.
Más de diez puntos de diferencia. Lo que en principio supone que, salvo cataclismos inesperados, la izquierda perdería, en el llamado “ballotage”, el gobierno de Uruguay que hoy tiene en sus manos, modificando así el equilibrio político regional en sentido contrario a lo que previsiblemente será la consecuencia, en cambio, de lo sucedido en la reciente elección presidencial de la República Argentina, donde la izquierda no radical, circunstancialmente “de la mano” del peronismo, será presumiblemente gobierno a partir del 10 de diciembre próximo.
En la ciudad capital de Montevideo, en particular, la izquierda uruguaya podría, en cambio, volver a derrotar, aunque por escaso margen, al centro, en la segunda vuelta electoral que ya se aproxima.
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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