Veamos como “son” los bolivarianos. Con unas pocas noticias de último momento.
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Martes, 21 de julio 2026

Veamos como “son” los bolivarianos. Con unas pocas noticias de último momento.
El claro triunfo de Mauricio Macri en las elecciones presidenciales argentinas, sumado a la oposición venezolana en las recientes elecciones parlamentarias de su país y a la sugestiva derrota de Evo Morales en el referendo con el que pretendiera eternizarse en el poder han sido interpretados, a mi juicio tempranamente, como señales coincidentes del “fin del ciclo bolivariano” en América Latina.
No estoy de acuerdo con ello. Son, todas y cada una de ellas, señales de deterioro. Visibles. Reales. Y de rechazo popular por los resultados catastróficos de las gestiones bolivarianas en los más diversos rincones de nuestro pequeño ámbito en el mundo. Pero hablamos de políticos que realmente son perversos e inmorales, para los que el verbo renunciar simplemente no existe y para quienes, en su tremenda arrogancia, todo cambio de rumbo es impensable y, por ende, virtualmente imposible. A lo que suman el desprecio abierto por la verdad y la interminable construcción de relatos y excusas, siempre mendaces, con los que intentan sistemáticamente endosar a otros sus constantes fracasos y frustraciones.
Así son los bolivarianos, no equivocarse. Por ello se van a aferrar con toda suerte de malas artes al poder, como si les perteneciera exclusivamente. Y no lo van a abandonar ni compartir, a pesar de lo que la realidad les transmita, en sus distintos contextos.
Por ello, soy más bien pesimista y no creo que se resignen mansamente a perder el poder. Me parece que se van a aferrar como puedan a la situación en la que están. Se acerca entonces un momento en que las tensiones sociales, me parece, serán la normalidad y poder salir del pantano bolivariano no será simple. Tomará su tiempo, me temo. Pese a que lo ya sucedido en la República Argentina sugiere de alguna manera que el cambio de rumbo es posible. Pero, cuidado, allí los bolivarianos no estaban lo enquistados que están en otros lares.
Mientras tanto, el deterioro bolivariano en la región continúa acelerándose. En Brasil, Dilma Rousseff y el propio “Lula” da Silva lucen ahora arrinconados por las crecientes acusaciones de corrupción. Y desprestigiados políticamente, sin remedio. Pero allí están. En el Uruguay, sólo el 28% de los orientales aprueba la gestión del presidente Tabaré Vázquez, un bolivariano disimulado al que se podría calificar de “no entusiasta”. La mala gestión en materia de educación y la falta de seguridad personal son dos de los fracasos administrativos que le generan mala imagen. Que no es lo mismo que antipatía, pese a que Tabaré últimamente tiene puesta una insólita cara de mal rato, de modo permanente. Que no lo ayuda. Nada.
Los bolivarianos no aprenden. Están todos cortados con la misma tijera. La de los tramposos, que impactará a la hora de tener que dejar el poder.
Veamos como “son” los bolivarianos. Con unas pocas noticias de último momento.
En Bolivia, pese a la negativa del pueblo boliviano a autorizar un nuevo período presidencial al ya desteñido Evo Morales, hay quienes proponen que su reemplazo -en el 2019- sea nada menos que su hija Evaliz que hoy es apenas una modesta e incolora estudiante de abogacía. Evaliz, no obstante, se ha subido -orgullosa de su linaje y presurosa en la acción- al tren bolivariano, sin destino. Como dicen en la calle: “se la cree”. Evo, recordemos, tiene dos hijos extramatrimoniales vivos. Evaliz, de 23 años y Álvaro, de 22 años. No hace mucho reveló que había un tercero, aparentemente fallecido en el 2007, a poco de nacer. Que algunos creen está aún vivo. Evaliz testimonia inequívocamente el vicio del nepotismo, en su máxima expresión. Una vez más. Como si para los bolivarianos no existieran fronteras morales, de ningún tipo.
Pero hay más para el interminable “Guiness Book of Records” de los bolivarianos. En paralelo, dos pretendidos “pensadores” bolivarianos han tenido que admitir, casi simultáneamente, que mintieron con total descaro. Piadosamente, creen ellos. Vergonzosamente, en realidad.
Primero, el vice-presidente de Bolivia, el “númen” ideológico o pretendido “cerebro” de Evo Morales y ex guerrillero, Álvaro García Linera, que siempre intentó vestirse de académico e intelectual. Con ropa de otros, aparentemente.
Acaba de admitir públicamente que nunca terminó sus estudios universitarios, razón por la cual no es egresado universitario, como intentara hacernos creer hasta ahora. Su CV y curiosamente también su “libreta militar” lo describen como “licenciado” en Matemáticas. Un científico, entonces.
Pero no lo es. No es “licenciado” en absolutamente nada. En el 2015, cuando esta circunstancia fuera denunciada por un correligionario, Felipe Quispe, García Linera argumentó que no tenía una “reválida” hecha en Bolivia. Porque sus compromisos y urgencias políticas lo habían impedido. Ahora García Linera, arrinconado por la verdad, concede que no tiene nada que “revalidar”. Porque no es, ni se ha recibido de nada. Increíble, el engaño no va con su habitual pose de intelectual de primer nivel. Pero lo cierto es que, admitiendo tardíamente la verdad en su propia página web vicepresidencial, don García Linera ha corregido, sin hacer olas, la mentira que anunciaba pomposamente que había obtenido su “pregrado” y su “post grado”, ambos, en la Universidad de México. Ahora se dice solamente que “estudió matemáticas”, como casi todos nosotros, bien o mal, en algún momento de nuestra formación escolar.
En el 2010, los emocionados bolivarianos argentinos le entregaron a García Linera un “merecido” doctorado “honoris causa”, basado precisamente en su pretendido saber y erudición, edificado en el post-grado en matemáticas, que simplemente no existe. Otro paso fraudulento y otro título inválido para un no demasiado académico Álvaro García Linera, que en rigor es más bien un experto en engaños, queda visto.
Curiosamente algo parecido la acaba de pasar a otro vice-presidente bolivariano. En este caso uruguayo. A Raúl Sendic. Un hijo dilecto de una suerte de aristócrata de la guerrilla uruguaya de los 70. Que acaba de dejar atrás una amañada “gestión” presidencial en la petrolera estatal uruguaya ANCAP, en torno a la cual han aparecido toda suerte de nubarrones oscuros de corrupción. Cuándo no.
Raúl Sendic había siempre pretendido ser licenciado en “genética humana”. Falso también. Otra estafa intelectual o usurpación de título, entonces. En espejo a la de García Linera. Dibujada con el mismo ambicioso -y mentiroso- pincel.
A lo que cabe agregar el repentino agravamiento de la crisis política brasileña, que acaba de atrapar a Dilma Rousseff y a “Lula” da Silva, desde hace rato amenazados por acusaciones de corrupción. La primera “respuesta” del Partido de los Trabajadores es muy preocupante: salir a la calle en su defensa, lo que podría traducirse en condonar y hasta aplaudir la corrupción, lo que sería una tragedia de proporciones.
Una pena. Pero así son las cosas y así los bolivarianos. Cuando de pronto uno come una ensalada bolivariana, el condimento es frecuentemente agrio.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
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