“Los vínculos económicos entre potenciales adversarios pueden crear presiones en favor de la paz en esos países debido a la gran cantidad de dinero que puede llegar a perderse si estallase la guerra. De esta manera, el comercio podría reducir en gran medida las probabilidades del conflicto bélico—en este caso, una guerra nuclear indo-pakistaní con implicancias globales.”
Seguridad
Las administraciones republicanas intentan siempre vender la idea del mercado
libre, pero cuando la misma colisiona con los intereses percibidos como
atinentes a la seguridad nacional estatal—de la cual ellos son tan amantes—el
mercado libre sale perdidoso.
El ejemplo más reciente es la amenaza de la
administración Bush contra un gasoducto de gas natural licuado que correría
desde Irán, a través de Pakistán, hasta la India. La administración desea tomar
medidas punitivas sobre cualquier cosa que pudiese beneficiar a Irán—una nación
miembro del “eje del mal” del Presidente Bush. Una administración menos
jingoísta y más esclarecida advertiría que mediante el libre comercio entre los
grupos rivales en esta región, este gasoducto ayudaría a los países pobres a
desarrollarse económicamente, al mismo tiempo que reduciría la probabilidad de
un conflicto y mejoraría en el proceso a la seguridad de los Estados
Unidos.
El sur de Asia, la ruta propuesta para el gasoducto,
probablemente sea la región más peligrosa del mundo. En los años recientes, los
archí rivales India y Pakistán han realizado ambos pruebas de armas nucleares y
han estado cerca de una guerra nuclear. Pakistán apoya a los guerrilleros en la
disputada región hindú de Kashmira, un potencial punto álgido para la escalada
nuclear.
Pese a que la India desea primariamente al denominado “gasoducto
de la paz” para transportar la energía precisada con urgencia por una economía
que crece rápidamente, parecería que el rol del gasoducto en mejorar las
relaciones con Pakistán fuese el principal beneficio secundario. Los vínculos
económicos entre potenciales adversarios pueden crear presiones en favor de la
paz en esos países debido a la gran cantidad de dinero que puede llegar a
perderse si estallase la guerra. De esta manera, el comercio podría reducir en
gran medida las probabilidades del conflicto bélico—en este caso, una guerra
nuclear indo-pakistaní con implicancias globales dramáticas.
El comercio
internacional puede también abrir a los regímenes despóticos a las ideas
occidentales, incluidas aquellas de la libertad y de los derechos humanos. Esto
sin embargo, acontece lentamente a lo largo del tiempo, y la administración Bush
tiene poca paciencia para esa clase de aproximación. En verdad, la
administración desea resultados más rápidos mediante la coerción—tanto económica
como militar. Los Estados Unidos desde hace ya largo tiempo han restringido el
comercio con Irán y se encuentra aparentemente ultimando los planes para atacar
a ese país. De acuerdo con el reportero de investigación Seymour Hersh, la
planificación de la administración para un ataque contra Irán se encuentra en
las etapas avanzadas y ha incluido a misiones de las Fuerzas Especiales
estadounidenses en territorio iraní a efectos de identificar objetivos
claves.
Ciertamente, Irán posee un régimen autocrático que ha cometido
abusos de los derechos humanos, es probable que tenga un programa secreto para
desarrollar armas nucleares, y ha patrocinado ataques terroristas. Pero el
régimen es tan solo una amenaza limitada para la seguridad de los EE.UU..
Recientemente, el patrocinio de Irán de ataques terroristas ha sido contra
Israel, no contra los Estados Unidos. Además, incluso si tuviese lugar el peor
de los escenarios—que Irán obtenga unas pocas armas nucleares—el arsenal
estadounidense de miles de ojivas nucleares disuadiría muy probablemente a un
ataque nuclear iraní contra los Estados Unidos (es decir, sí Irán llegase a
producir alguna vez un misil que pudiese transportar la carga nuclear necesaria
hasta distancias tan grandes.) El arsenal estadounidense disuadió a la radical
china maoísta de lanzar un ataque nuclear contra los Estados Unidos después de
que los chinos obtuvieran armas atómicas en los años ´60.
El objetivo
primario de incluso los regímenes ideológicamente entusiastas es el de la
auto-preservación; el conseguir que sus países resulten incinerados es
contraproducente a efectos de difundir su ideología.
Cualquier ataque
militar diseñado para tener como blanco a las instalaciones nucleares iraníes es
improbable que logre destruirlas a todas—debido a que la inteligencia de los
EE.UU. sobre dichas instalaciones es limitada—y es posible que haga regresar a
los brazos del patotero régimen a una población iraní pro-occidental.
La
coerción económica contra Irán es probable que tenga también un resultado
contraproducente. Cuarenta y cinco años de sanciones contra el régimen de Fidel
Castro en Cuba le han meramente permitido aglutinar a la población cubana contra
el “opresor yanqui.” Aún en contra de lo que se pudiese pensar, el permitir el
libre comercio tanto con Irán como con Cuba le hubiese posibilitado de manera
gradual a los productos, servicios e ideas occidentales menoscabar a las
opresivas ideologías de ambos gobiernos.
Pero las implicancias de la
coerción económica estadounidense contra el gasoducto son mucho más amplias que
sus efectos sobre Irán. A fin de evitar que el gasoducto de gas natural
iraní-pakistaní-hindú sea construido, la administración Bush está amenazando a
la India con la Ley de Sanciones a Irán y Libia, la cual faculta al presidente
para castigar a cualquier empresa que invierta más de $20 millones al año en el
sector energético de Irán. Esta sanción es denominada una medida
extraterritorial, porque la misma no solamente penaliza a la nación blanco de la
medida, sino a también a terceras naciones y empresas que tienen relaciones
comerciales con esa nación. Dichas medidas son especialmente perniciosas para el
sistema comercial internacional.
El rechazo de la administración Bush a
observar a la totalidad de la situación y a percatarse de que el libre comercio
es también la mejor política de seguridad nacional es extraño y problemático.
La administración se ha dado cuenta del peligro que representa para el
mundo una guerra nuclear en el sur de Asia y ha apoyado el proceso de paz
indo-pakistaní. Simultáneamente, sin embargo, se encuentra también intentando
bloquear al gasoducto de la paz, el cual fomentaría la cooperación económica
entre los dos enconados adversarios, a fin de emprender una nimia vendetta
contra un régimen iraní que plantea tan solo una limitada amenaza a la seguridad
estadounidense. Se precisa de un pensamiento más claro respecto de la seguridad
de los Estados Unidos.
Fuente: The Independent Institute
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