Aún cuando el gran imán de quienes escapan del comunismo sigue siendo los Estados Unidos, el flujo de exiliados venezolanos apunta también a España, Colombia y otros países de América Latina.
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Martes, 21 de julio 2026

Aún cuando el gran imán de quienes escapan del comunismo sigue siendo los Estados Unidos, el flujo de exiliados venezolanos apunta también a España, Colombia y otros países de América Latina.
Como ocurriera hace algunas décadas -en los 60, cuando Fidel Castro se apoderara de Cuba y decenas de miles de cubanos que no querían perder su libertad emigraron desde la isla caribeña para radicarse en la Florida, en los EEUU- hoy son los venezolanos quienes están conformando, allí mismo, una nueva diáspora.
El censo del 2016 los estimaba en unos 195.000. Hoy se supone que ellos son, por lo menos, unas 250.000 personas.
Se trata de un grupo nacional nuevo, que aún sigue creciendo, porque son muchos los venezolanos que todavía aspiran a poder salir de su país en busca de poder vivir en una economía sana y en un ambiente de libertad. Lo que ya es imposible en su propia Patria. Están radicados ahora en un Estado en el que las elecciones locales se deciden por diferencias mínimas de votos. Por ello, los políticos locales están contemplando -con preocupación- el crecimiento de esta nueva realidad y analizando su impacto local.
En el sur de la Florida, a estar a una reciente nota publicada en el “Wall Street Journal”, los venezolanos son hoy dueños del 15% de las propiedades en manos de extranjeros. Los argentinos los siguen, con el 11%. Luego vienen los colombianos y los brasileños, con un 10% cada uno de esos dos grupos. Y recién después, con apenas el 6%, aparecen los canadienses que buscan incansablemente acercarse a un sol y a un clima de los que carecen.
Pese a todo, desde el 2012, Venezuela no tiene Consulado en Miami, porque Nicolás Maduro decidió cerrarlo, en represalia por algunas duras medidas diplomáticas previas norteamericanas.
Se ha abierto otra historia triste, en muchos casos desgarradora. La segunda, después de la cubana, con centenares de miles de personas exiliadas. Otra vez la urgencia de escapar al comunismo y a sus deprimentes “condiciones de vida”ha sido el motor de una nueva estampida colectiva.
Aún cuando el gran imán de quienes escapan del comunismo sigue siendo los Estados Unidos, el flujo de exiliados venezolanos apunta también a España, Colombia y otros países de América Latina. En el 2010,algo menos de 200.000 venezolanos vivían en la Florida. Hoy ellos son 274.000. A lo que cabe agregar que en los dos últimos años, el número de jóvenes venezolanos que estudian en los EEUU ha crecido muy significativamente.
Por todo ello, no es demasiado sorprendente que los exiliados venezolanos tengan un diario propio y tres canales de cable, todos empeñados en una clara prédica anti-bolivariana, esto es anti-marxista. Así como sus centros sociales, incluyendo los nocturnos. Allí circulan las tradicionales “arepas” de maíz venezolanas. También los “rumores de debilidad” del régimen autoritario de Nicolás Maduro, que generalmente terminan en sueños o ilusiones malogrados.
Curiosamente, también algunos de los peores venezolanos, esto es los bolivarianos corruptos, aparecen en el sur de la Florida, donde tienen sus “segundas residencias”y sus cuentas bancarias, a modo de “seguro”. Desde allí “lavan” el producto de sus actividades ilegales, incluyendo el narcotráfico.
Las autoridades locales están alertas y han confiscado ya algunos de los fondos así generados. Incluyendo los del cuestionado vice-presidente venezolano, Tareck El Assami. Hablamos, en ese caso particular, de unos 500 millones de dólares ya embargados. Una inexplicable montaña de dinero, en manos de un audaz vivillo.
Con frecuencia, cuando ellos son, de pronto, reconocidos por algunos de sus connacionales, sufren “escraches”.Y reciben insultos y descalificaciones públicas. Merecidos, desde que ellos no están escapando, sino escondiendo y manejando dineros malhabidos. No es lo mismo, por cierto.
Esa es la historia triste de una segunda diáspora latinoamericana que ha crecido en el sur de los EEUU. Estamos frente a una segunda y amarga realidad. Allí están sus integrantes, construyendo su futuro. Muchos de ellos con el corazón y sus familiares todavía anclados en sus lugares de origen. Aunque lo cierto sea que hoy pueden respirar el oxígeno de la libertad, con el alto costo personal de tener para ello que vivir exiliados.
Emilio J. Cárdenas.
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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