Haití es, sin duda, el país más pobre de América. Y el más caótico.
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Martes, 21 de julio 2026

Haití es, sin duda, el país más pobre de América. Y el más caótico.
Las Naciones Unidas están directamente empeñadas en tratar de ayudarlo a reconstruir mínimamente sus instituciones centrales de gobierno. Pero la tarea es realmente ciclópea. Haití es ciertamente, a la vez, el paraíso de la indefinición y el reino de la desorganización. No por casualidad, sino porque siempre hay quienes, de uno u otro modo, se benefician y engordan a partir del caos institucional.
El drama político haitiano actual comienza con que, créase o no, “no se pudo elegir” al nuevo presidente de Haití antes de que venciera el mandato del presidente Michel Martelly, lo que ocurrió el 7 de febrero pasado. Parece increíble, pero así fue efectivamente. Es historia.
Por ello, el 5 de febrero pasado fue necesario llegar a un acuerdo entre el mencionado Martelly y los líderes de las dos cámaras que componen el parlamento del país, de modo de asegurar lo que entonces eufemísticamente se denominó como “la continuidad constitucional”.
Allí se dispuso que la última vuelta de las elecciones presidenciales que debiera ser postergada tendrá lugar el 24 de abril venidero. Si ello sucede efectivamente así, el nuevo presidente haitiano debería asumir el 14 de mayo próximo. Para que todo ello suceda, es francamente obvio que deberá organizarse -con un mínimo de orden y transparencia- la ya postergada segunda vuelta electoral. Lo grave es que hay crecientes dudas de que ese calendario pueda respetarse.
¿Quién conduce hoy a Haití? Teóricamente, Jocelerme Privert, un senador de la oposición que fuera elegido presidente provisional -o interino- el 14 de febrero pasado por el parlamento haitiano. Se trata de un experimentado ex miembro del gabinete de Jean-Bertrand Arisitide que, en principio, debiera gobernar por un breve período de 120 días.
A Privert fundamentalmente se le encomendó la designación de un nuevo primer ministro, en reemplazo del cuestionado Evans Paul; la conformación de una nueva autoridad electoral; y la producción de un informe electoral por parte de una comisión especial sobre el posible fraude ocurrido en la primera vuelta de la elección presidencial aún no resuelta.
El 25 de febrero pasado, Privert designó primer ministro a Fritz Jean, un economista y ex presidente del Banco Central de Haití. El equipo de gobierno aún no funciona porque su programa de gobierno, para poder ser llevado adelante, debe ser insólitamente aprobado previamente por el parlamento. Lo que aún no ha sucedido, mientras los días transcurren raudamente y nada avanza.
Los nuevos miembros de la autoridad electoral han sido designados, pero aún no han asumido formalmente sus cargos. Por ello la labor central que tiene que ver con la organización de la segunda vuelta electoral todavía no ha comenzado.
Para hacer todo más complicado e imprevisible aún, el candidato presidencial de la oposición, Jude Célestin, que se retirara de la segunda vuelta de las elecciones pendientes alegando la existencia de fraude, todavía no ha confirmado que está de acuerdo en participar en la segunda vuelta, en las actuales condiciones.
Por todo esto la comunidad internacional está nuevamente inquieta. Y su paciencia parece estar otra vez al límite de lo tolerable. Casi agotada. Brasil, Canadá, Francia, España, los Estados Unidos y la Unión Europea pugnan por que se respeten las fechas acordadas para la segunda vuelta, sin más demoras, ni postergaciones. El 24 de abril próximo, entonces. No más tarde. Porque temen, con razón, que la eterna acumulación de demoras pueda de pronto conducir al recrudecimiento de la violencia callejera.
Mientras tanto, la misión de las Naciones Unidas en Haití (Minustah), deberá continuar con su difícil trabajo transicional y ajustar su mandato operativo a la nueva realidad, una vez que los calendarios del caso se definan y acuerden políticamente.
Entre tanto, el estado de derecho es todavía una importante asignatura pendiente; el respeto por los derechos humanos y las libertades civiles y políticas son una preocupación creciente; y la situación humanitaria de Haití sigue siendo bien seria, incluyendo lo que luce como la presencia de una nueva epidemia de cólera. En Haití la pobreza extrema ha llevado a más de un millón y medio de personas a una situación alimentaria que nuevamente se ha tornado bien delicada.
Lo cierto es que la misión de las Naciones Unidas en Haití, comandada por el militar brasileño Ajax Porto Pinheiro, está manteniendo un clima de seguridad más o menos estable, secundando a la policía local en sus tareas, sin haber tenido que intervenir directamente en conflictos callejeros los últimos tiempos, pero actuando con un neto perfil disuasivo, que tiene su importancia en un clima tan cambiante y frágil como el de Haití.
Por ahora, entonces todo es lento e inestable en Haití. Lo que no es nada nuevo. Poder ordenarse política e institucionalmente es una tarea imprescindible, pero de enorme complejidad.
El camino a recorrer exige una cuota realmente extraordinaria de paciencia y gran tenacidad. Mientras tanto, millones de almas viven diariamente en lo que es un mundo plagado de padecimientos. Ocurre que ni con firmeza se puede vencer a la multiplicidad de obstáculos de todo tipo que la clase política de Haití parece empeñada en mantener y generar. Como si la gente no contara, ni tuviera urgencias graves que enfrentar todos los días de su vida.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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