América, Política

Haití, sumido en la barbarie

Hasta ahora, todos los esfuerzos internacionales y regionales por tratar de ordenar a Haití han fracasado.


Desde estas mismas columnas, hace muy pocos días, habíamos alertado acerca del clima de descontrol que prevalecía en Haití. A la manera de preocupada profecía, por cierto.
 
El reciente asesinato del presidente de Haití, Juvenel Moïse, en un atentado criminal que también dejó herida de gravedad a su esposa, Martine, comprueba que, desgraciadamente, teníamos razón. Haití entró en un horrendo torbellino violento.
 
El fallecido Moïse había ya suspendido a dos tercios del Senado de su país. Y a toda la Cámara de Diputados, así como a todos los alcaldes haitianos. Buscaba desesperadamente concentrar poder y eliminar adversarios. Mientras tanto, se victimizaba denunciando la existencia de un complot en su contra, acusando a un magistrado del Tribunal Supremo local y al propio Jefe de Policía. La denuncia, por sus características, de alguna manera pre-anunciaba que su vida corría peligro inminente. Moïse murió ayer, después de medianoche, asesinado a balazos en su propia casa en Puerto Príncipe. A los 53 años.
 
Haití, que ha recibido por décadas, constante apoyo externo, parece haber ingresado en el abismo del caos político desatado. Como era fácil de anticipar. Hasta ahora, todos los esfuerzos internacionales y regionales por tratar de ordenar a Haití han fracasado. La principal víctima de esa tragedia es el pueblo haitiano, enterrado en la pobreza, y ahora castigado brutalmente por la violencia.
 
Una vez más, el regreso al orden y es la decencia en un país víctima de una corrupción extendida requerirá del apoyo exterior. No será fácil obtenerlo, desde que hay cansancio en aquellos que pueden ayudar, así como la sensación de que Haití está muy cerca de ser una nación casi ingobernable.
 
Lo antedicho es lamentable, pero no puede haber peor error que el de equivocarse al tiempo de procurar ayudar otra vez a los haitianos a dejar atrás el infierno cotidiano en el que –para su desgracia- les ha tocado vivir.
 
 
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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