La Argentina va camino a sus próximas elecciones presidenciales, aquellas que tendrán lugar el 27 de octubre venidero. Las consiguientes campañas políticas están en marcha, cada una con su estrategia.
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Martes, 21 de julio 2026

La Argentina va camino a sus próximas elecciones presidenciales, aquellas que tendrán lugar el 27 de octubre venidero. Las consiguientes campañas políticas están en marcha, cada una con su estrategia.
La izquierda esta vez bate el remanido parche del hambre, sosteniendo constantemente que “en la Argentina hay gente que no come”. Para quien conoce el país y observa las siluetas personales de muchos de quienes protestan, ese argumento luce bastante poco creíble.
El oficialismo es bastante más moderado, aunque las encuestas sugieran que el próximo gobierno estará en manos de una de las versiones “contemporáneas” del peronismo. Aunque con sus propias contradicciones internas, porque no le resulta nada fácil compatibilizar el discurso moderado de Alberto Fernández con las posiciones, más radicales, de Cristina Fernández de Kirchner o de “La Cámpora”.
Pero en el mundo de la política también existen los líderes que dicen la verdad. Cueste lo que cueste. En la Argentina, este es el caso de Miguel Angel Pichetto y sus opiniones, se esté o no de acuerdo con ellas.
Mientras los “movimientos sociales”, liderados y estimulados por quienes los gerencian, acampan y protestan vociferantes en distintos puntos de la ciudad de Buenos Aires, el Senador Pichetto hace públicos sus comentarios. Y son ciertamente punzantes.
Primero, “decir que la gente no come en la Argentina, es una exageración”. Enseguida, que le llama “mucho la atención el silencio de la Iglesia”. Nos pasa a todos. Particularmente respecto de los hechos de violencia en las calles. Tercero, que los llamados “planes sociales” (ayuda alimentaria) no pueden mantenerse eternamente sin consolidar la estructura de la pobreza y el poder de aquellos que lideran la protesta, a los que Pichetto denomina gráficamente: “gerentes de la pobreza”. Cuarto, “que la Argentina no es como un país de África; hay dificultades, pero el Estado está atrás”. Quinto, que los aproximadamente “400.000 venezolanos que llegaron en los últimos meses al país escapando de Nicolás Maduro, están todos trabajando en estructuras de servicios, como los hoteles, los gimnasios y los restaurantes”. Mientras muchos “locales” miran para otra parte, en busca de “asistencialismo” fácil. Sexto, “que la estructura del gasto en la Argentina no puede sostener el actual sistema, que manteniendo a la gente en la calle, no les permite siquiera buscar trabajo”.
Los comentarios del Senador Pichetto no son ciertamente demagógicos. Pero son veraces. Y, además, corajudos.
Vaya entonces, a la manera de aplauso, nuestro reconocimiento a un político de perfil distinto, que ha tomado la decisión de vivir de frente a la verdad y darle la espalda a las mentiras y a las exageraciones. Sin claudicaciones. Su actitud podría ser catalogada como la de un hombre sereno, parado “de espaldas a la política”. Prefiero calificarla, más bien, de un constante “abrazo a la verdad”.
Las declaraciones de Pichetto caen naturalmente bien entre aquellos que en la Argentina, trabajan y producen. Y mal entre los “vampiros” que, en cambio, prefieren estar constantemente prendidos del esfuerzo de los demás.
Para paliar el hambre y la desocupación, el camino obvio es el de crear trabajo y riqueza, con auténtica disposición de premiar el esfuerzo. Por esto me preocupa la reciente declaración del Senador Pichetto cuando sostiene que en el eventual próximo gobierno peronista, “quien tenga un departamento de más, lo va a tener que entregar a la revolución”. Por lo que significa, esa es una señal, tremenda, de peligro, recién puesta sobre la mesa.
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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