En las últimas semanas las intenciones de voto por el Frente Amplio han estado cayendo. Algo más de 10 puntos, respecto de la elección del 2014.
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Martes, 21 de julio 2026

En las últimas semanas las intenciones de voto por el Frente Amplio han estado cayendo. Algo más de 10 puntos, respecto de la elección del 2014.
Desde hace rato ya, las encuestas de opinión uruguayas sugieren que en las próximas elecciones presidenciales de los meses de octubre y noviembre de este mismo año el llamado “Frente Amplio”, que agrupa a las fuerzas izquierdistas de Uruguay, puede ser, de pronto, derrotado por los partidos tradicionales, los de centro, esto es por el Partido Blanco, en coalición con el Partido Colorado. Uruguay está económicamente estancado y sumido en un moderado momento social de desencanto. Crece, por cierto, pero no lo suficiente para generar optimismo en su población acerca de su futuro.
En las últimas semanas las intenciones de voto por el Frente Amplio han estado cayendo. Algo más de 10 puntos, respecto de la elección del 2014. Notoriamente, entonces.
Lo curioso es que todavía los partidos de oposición no parecen estar capitalizando esa caída. El Partido Nacional, esto es el antes mencionado Partido Blanco, que probablemente lleve como candidato a Luis Lacalle, sigue estando por debajo del 30% de las intenciones de voto. Escasamente, con entre un 27 y un 29% de intenciones de voto. Pero por debajo. Esto está lejos de ser dramático, desde que en el 2014 el Partido Blanco alcanzó su techo, que es del 31%. El Partido Colorado, por su parte, ha crecido algo respecto del 2014, cuando obtuviera el 13% de los votos. Pero las encuestas sugieren que su intención actual de voto es del 14%.
Queda claro que los partidos de centro no parecen estar todavía aprovechando el desencanto con la izquierda.
Que existe algún grado de desorientación parece estar confirmado por la existencia de un 17% de electores que están aún en la categoría de “indecisos”, pese a la cercanía del proceso electoral que se avecina.
Mientras esto ocurre con los partidos tradicionales, hay algunos nuevos pequeños partidos que están creciendo, aunque muy moderadamente. Lo que está lejos de sugerir que de pronto, en la próxima elección presidencial, podría ocurrir un “tsunami” político. Muy por el contrario, la escena política oriental sigue estando claramente dominada por sus principales partidos y coaliciones, que no parecen demasiado amenazadas.
Está claro que, para que la oposición derrote a la izquierda, deberá juntarse y conformar -unida- una coalición. En esencia, la elección que se aproxima es, como también ocurre en otros países de la región, una disyuntiva entre el cambio o seguir “flotando” en la situación actual.
La mayor acusación contra el Frente Amplio es su falta de ejercicio de autoridad, lo que luce bastante parecido a un exceso de conformismo, reflejado en actos de gobierno que mantienen a Uruguay relativamente detenido en el tiempo.
Otro problema que se refleja en el proceso electoral es el crecimiento del déficit fiscal, el mayor de los últimos 30 años. Para un país ordenado, con una tradición fiscal bastante seria, el crecimiento de la deuda pública tiene que ver en su descreimiento acerca de su actual el liderazgo político. El déficit preocupa, porque ya está en el 4,8% del PBI. Y porque, pese a su existencia, la pobreza no se reduce significativamente, a punto tal que las llamadas “personas que viven en la calle” ha aumentado -en el Uruguay- en los últimos años un 20%.
Pesa también el aumento del delito, lo que se refleja en que, durante la larga gestión de la izquierda, la población carcelaria se ha duplicado. Ese aumento tiene que ver con jóvenes que no terminan su educación y que, con alguna frecuencia, consumen drogas.
Uruguay, pese a todo, sigue siendo un país del que es muy fácil enamorarse. Pero lo cierto es que antes de fin de año su población deberá decidir si ha llegado el momento de rectificar el actual rumbo político en busca de dinamizar la economía nacional, o si, por el contrario, está satisfecha con la situación actual y prefiere mantenerla a correr el riesgo de cambiar de rumbo, sin garantía de éxito.
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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