El empuje económico de naciones emergentes y los efectos de la crisis en los países ricos, entre otros factores, dibujan nuevas tendencias migratorias.
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Martes, 21 de julio 2026

El empuje económico de naciones emergentes y los efectos de la crisis en los países ricos, entre otros factores, dibujan nuevas tendencias migratorias.
Carmen y Rubén, un joven matrimonio cubano, salieron rumbo a Brasil hace un año y medio. Él, especialista en Matemáticas, había obtenido una beca en una universidad carioca, y ella, periodista, se benefició en el terreno de otra ayuda, en el área de las comunicaciones.
Las dotaciones económicas que reciben no están nada mal, y les alcanzan para vivir holgadamente en Río en un piso con excelentes comodidades. Sus talentos valen la pena, según opinan sus patrocinadores. Y ellos, que sacan provecho de las oportunidades, están considerando seriamente asentarse por mucho tiempo en la que va haciendo las veces de una Alemania latinoamericana.
Es un destino “extraño” para un cubano, cuyo norte más habitual es Florida, (EEUU), y España en segundo lugar. Sin embargo, tanto para ellos como para muchos otros latinoamericanos, Brasil presenta hoy nuevos atractivos: el de ser una potencia regional, que crece a un ritmo del 4,5 por ciento anual, con un alto nivel exportador, y cuyos recursos naturales, entre ellos las nuevos yacimientos de crudo descubiertos, lo van perfilando como un gigante económico junto a los más industrializados del planeta.
Como Brasil, está Argentina. Las imágenes de la explosión social de 2001 fueron sucedidas por acciones concretas de recuperación de la confianza, y hoy el país del tango crece anualmente un nueve por ciento, lo cual atrae a inmigrantes de varias naciones vecinas (peruanos, bolivianos y paraguayos son tradicionalmente los más numerosos), aunque no solo a ellos: incluso del otro lado del Atlántico, del África, llegan también grupos de trabajadores dispuestos a ganarse el sustento sin tener que aventurarse en las fronteras de las naciones desarrolladas del norte, cada vez más difíciles de franquear.
Y a última hora se suman también, en tendencia creciente, miles de inmigrantes europeos.
No todos miran al norte
Según el sitio web de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el número total de migrantes internacionales ha aumentado de 150 millones en 2000 a 214 millones en la actualidad. Por supuesto, la mayor parte de esa masa la aportan las naciones del sur, entendido como tal no el punto cardinal, sino “los países de ingreso bajo y medio”. Esta clasificación del Banco Mundial es más adecuada. Así, un país como Corea del Norte, con niveles de ingreso muy bajos, y algunos otros septentrionales de Asia, formarían parte del “sur” en términos de economía.
La ruta tradicional, como se sabe, ha sido la que conduce al mundo desarrollado. Sin embargo, el reforzamiento de las medidas de seguridad y disuasión en las fronteras de esas naciones más aventajadas, y la crisis económica, que se ha manifestado con dureza en varios puntos del norte, están cambiando el panorama
El aumento del paro, una de sus consecuencias más negativas, se ha cebado antes que nada en los trabajadores inmigrantes en las naciones desarrolladas, en algunas de las cuales ha habido brotes de xenofobia contra quienes “ocupan nuestros puestos de trabajo”.
“Un (caótico) día sin mexicanos”
Reparemos primeramente en el factor de la “seguridad”. En Estados Unidos, destino migratorio por excelencia, la idea esbozada por un candidato electoral republicano, de electrificar el muro erigido en la frontera con México, es solo una brizna en el pajar de las dificultades ya existentes para quienes desean participar del “sueño americano”.
Allí, la maniobra del legislativo para retrasar la pretendida reforma migratoria del presidente Barack Obama, así como para tumbar la proyectada DREAM Act (que hubiera dado a jóvenes indocumentados la posibilidad de prestarle un servicio al país y a la vez regularizar su situación migratoria), parecen incidir en una caída de los niveles de inmigración procedente de Latinoamérica.
Se añaden a ello legislaciones de los estados, como la SB1070, aprobada en Arizona, que pretenden criminalizar la inmigración ilegal y enrarecen el ambiente incluso contra los residentes legales, al aumentar la presión sobre todo el que tenga “apariencia” de indocumentado, al que se puede detener sin mucho reparo. Un verdadero sinsentido, si se toma en cuenta el aporte económico de los inmigrantes en EE.UU., entre ellos los procedentes de México. Un filme de 2004, Un día sin mexicanos, de Sergio Arau, da una idea aproximada del caos que reinaría en California si los “indeseados” desaparecieran de un golpe.
En cuanto a Europa, destino fundamental de los migrantes del norte de África (pese a la creencia común, los subsaharianos salen mayoritariamente hacia otros países de su entorno), la OIM explica que el control más estricto de las fronteras de la UE no solo contribuyó a un mayor número de detenciones (en 2010 fueron 4 000 más que en 2009), sino que funcionó como elemento de disuasión.
Valga añadir que, contrario a los temores que las revoluciones árabes de 2011 despertaron en el discurso de ciertos políticos europeos, respecto a imparables oleadas migratorias desde esos lugares, la realidad es que “solo un porcentaje muy pequeño de los desplazados por el conflicto emprendió el cruce del Mediterráneo”. Además, entre la OIM y la ACNUR (la agencia de la ONU para los refugiados) se coordinó la evacuación de 143 000 nacionales de 50 países hacia sus lugares de origen.
Lo mismo a África que a América…
La crisis es el segundo factor para el cambio de tendencias. Explica la OIM que “hubo cierta reducción de las corrientes migratorias hacia los países desarrollados durante la crisis e inmediatamente después —por ejemplo, en los Estados Unidos de América el número de extranjeros que ingresó en el país bajó de 1 130 818 en 2009, a 1 042 625 en 2010; (…) en el Reino Unido la cifra descendió de 505 000 en 2008 a 470 000 en 2009; (…) en Suecia disminuyó de 83 763 en 2009, a 79 036 en 2010, y en Nueva Zelanda, de 63 910 en 2008, a 57 618 en 2010”.
Y no solo desciende el número de los que llegan, sino que aun nacionales de los países receptores cruzan las fronteras, azuzados por la crisis. En el caso de España, según datos acopiados por la BBC, 445.130 extranjeros y 62 611 españoles abandonaron el país durante el difícil 2011, para un primer año con saldo migratorio negativo en una década.
¿A dónde se van los españoles? Entre otros lugares, a Argentina. Datos de la Dirección Nacional de Migraciones del país austral indican que 3 000 españoles se han instalado allí de modo permanente, y 2011 marcó un máximo de nuevas radicaciones, con 700.
La web de la OIM describe de modo favorable la actitud argentina hacia los inmigrantes: la ley de Inmigración de 2004 les concede altos estándares de protección, con derechos como la salud y la educación, y propicia su integración, además de que les facilita la reunificación familiar. Para los que proceden de alguno de los países del MERCOSUR, hay ventajas añadidas: solo presentando un documento de nacionalidad y un récord policial limpio, el solicitante puede obtener su residencia regular.
Europeos que vuelven a emigrar
Otro de los destinos predilectos de los españoles es Brasil. De hecho, la cifra de inmigrantes extranjeros que más ha crecido en el gigante sudamericano ha sido la de los ibéricos: 45 por ciento en los últimos cuatro años.
Y más podrá crecer: un reciente reporte del diario El País ubicaba en 400 000 la cifra de profesionales extranjeros que Brasil necesitaría, para lo que se están acometiendo modificaciones a las regulaciones migratorias. Y es que además del mencionado impulso industrial que está experimentando el país, se avecinan dos sucesos importantes que generarán muchísimo empleo: el Campeonato Mundial de Fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Harán falta brazos, sí, pero sobre todo, tecnología y personal capacitado para emplearla.
Otros de los que buscan en el sur aires de recuperación son los portugueses. En Brasil, por ejemplo, su número en 2010 era de 276 000, y al cierre de 2011 había escalado hasta los 330 000.
Además, los lusitanos ven filones de prosperidad en otras de sus antiguas colonias, como en las de África. El diario británico The Guardian se hace eco de datos recientes de la Cancillería portuguesa, los cuales indican que unos 10 000 de sus ciudadanos partieron en 2011 hacia el paraíso petrolero que es hoy Angola, y que casi 98 000 están ya registrados en sus consulados en Luanda y Benguela. “Angola está abierta y dispuesta a ayudar a Portugal a enfrentar la crisis”, ha expresado el presidente angoleño José Eduardo dos Santos. Y miles no han tardado en tomarle la palabra.
Como se ve, la complejidad de este mundo globalizado y en ascuas por los vaivenes de la economía, está provocando que las flechas que marcaron por décadas la unidireccionalidad de los flujos migratorios hoy señalen a los lugares más insospechados.
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