América, Política

Las propuestas económicas electorales en Brasil

Brasil va lentamente camino a sus próximas elecciones nacionales, las que tendrán previsiblemente lugar en el mes de octubre próximo. Por el momento, con resultados casi imposibles de tratar de anticipar.

Todo en la marcha electoral parece hoy estar bastante abierto. Prácticamente nada, como hipótesis, es descartable.

Hasta el momento al menos, el candidato presidencial más popular: Luiz Inacio “Lula” da Silva, está preso. Con una condena extremadamente dura sobre sus hombros, la de tener que cumplir nada menos que nueve años de prisión, por corrupción y lavado de dinero.

Por esto, pese a que el popular ex sindicalista insiste constantemente en que efectivamente será candidato presidencial, sus posibilidades concretas son, en realidad, tan sólo un gigantesco signo de interrogación. Y su situación personal es, cuanto menos, patológica. De más está decir, que su conducta política responde obviamente a sus propios intereses y que, muy lejos de la grandeza, ella no le hace ningún bien a Brasil.

El segundo en las encuestas de opinión, con el 17% de favor popular, es un ex militar: Jair Bolsonaro. Un ex legislador de centro-derecha. Sus propuestas son privatizadoras y su anunciado “bisturí” incluye a la misma poderosa empresa estatal de hidrocarburos, Petrobrás. Hasta hoy, ella ha sido una auténtica “vaca sagrada” política para la izquierda brasileña. Casi intocable. Pero las cosas evolucionan y hoy hay quienes en Brasil son partidarios de transformarla rápidamente en una empresa privada más. Con los ingresos por privatizaciones Bolsonaro disminuirá, según anuncia, la deuda externa y reformará el sistema jubilatorio, tema que es siempre muy delicado.

En sus antípodas aparece el candidato de la izquierda, Ciro Gomes, que –no obstante- araña apenas un 8% de las intenciones de voto. En carrera están, asimismo, la ambientalista Marina Silva, con un 13% de las intenciones de voto y Geraldo Alckmin, con un 6%. El último de los nombrados aparece como continuador de la política económica del actual presidente Temer, cuya popularidad es realmente baja.

En el caso de Marina Silva, la ausencia de aliados importantes puede resultar el gran obstáculo para sus ambiciones. Al que se suma el hecho de no contar con un equipo reconocido, que luzca capaz de trazar y mantener un rumbo para un Brasil que en la última década estuvo más bien desorientado.

Queda visto que todas las opciones parecen abiertas y que, de cara a las elecciones que se acercan, ni hay “caballos del comisario”, ni alternativas que puedan descartarse definitivamente.

Brasil está entonces frente a un resultado difícil de anticipar. Políticamente, al menos en los últimos tiempos, Brasil se ha inclinado hacia el centro-izquierda. Pero lo cierto es que las propuestas que este grupo empuja no han podido sacar al Brasil de la mediocridad en que parece encontrarse, ni ayudarlo a recuperar el liderazgo continental que Brasil reclama para sí, en función de sus propios méritos, más allá de lo que otros opinen.
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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