América, Economía y Sociedad

Lo importante es “darse cuenta”

“…las exportaciones bolivianas han caído ya un 30%, ad valorem, en lo que va del año al menos….los ingresos por ese concepto para este año perderán por la fuerte caída de los precios internacionales, nada menos que 2.500 millones de dólares.”


El aspirante a eterno presidente de Bolivia, Evo Morales, como casi todos los dirigentes de la colorida izquierda regional, la llamada “bolivariana”, tiene una concepción propia del mundo: la que le queda bien; la que justifica sus acciones; esto es la que le permite deformar la democracia y restringir las libertades individuales sin reconocerlo en modo alguno. Y la que le da margen para justificar sus errores, atribuyéndolos a otros.

Por esto no es nada sorprendente que acabe de “darse cuenta” de un cambio que ha sido obvio desde hace meses: el de la fuerte caída de los precios internacionales de los hidrocarburos. Que, según Morales, generará a Bolivia “problemas económicos”. Chocolate por la noticia, Evo.

Como consecuencia de lo cual, Morales está llamando ahora a sus connacionales a “ajustarse los cinturones”. Si, leyó bien, está anticipando la necesidad de un “ajuste” en su país. Créase o no. Un izquierdista sugiriendo que adoptará medidas de ajuste. Va de retro, Satanás.

Lo hizo en un discurso pronunciado en la Universidad de Pando, seguramente ante un grupo de estudiantes absolutamente atónitos, porque el evangelio socialista, en su muy peculiar versión latinoamericana, que allí aprenden, sostiene insistentemente que la izquierda nunca “ajusta”. Jamás. Se suicida, si es necesario. Pero no ajusta. Bajo ningún concepto. Porque “ajustar” –para los marxistas disimulados que están en el poder- simplemente es reaccionario. Y, por tanto, imposible.

Para agregar lo que en realidad era la esencia fundamental del mensaje de Morales: “la responsabilidad por el ajuste no es del gobierno”. Es del Gran Bonete, en otras palabras. De algún otro. O sea, como siempre, de los países ricos o del “imperialismo”.

Pero, alentando a su manera la gente, Morales les recordó que Bolivia tiene reservas de quince mil millones de dólares, equivalentes a casi la mitad de su PBI. Y que su país creció el año pasado a un ritmo del 5,5% y que este año lo hace al 5% de su PBI, siempre impulsada por sus exportaciones de gas natural a precios altos a los vecinos: Argentina y Brasil, dispuestos a subsidiarla.

El ritmo de crecimiento boliviano es ciertamente la envidia de Cristina Fernández de Kirchner y de Dilma Rousseff por igual, desde que, en sus respectivas casas, ambas están sumergidas en el pantano de la recesión, con sus sociedades entre hartas, frustradas y deprimidas. Abiertamente.

Lo cierto es que las exportaciones bolivianas han caído ya un 30%, ad valorem, en lo que va del año al menos. Y que los ingresos por ese concepto para este año perderán por la fuerte caída de los precios internacionales, nada menos que 2.500 millones de dólares. Esto pese a que los volúmenes exportados no han cambiado. Así son las cosas.

Por esto Morales “abre precautoriamente el paraguas”. Sabe que habrá un aguacero. Y pretende no ser responsabilizado por lo que pase, como si en los gobiernos como el suyo el factor previsión y la necesidad de anticipar los cambios que inexorablemente ocurren no fueran algo de rigor. Peor, como si gobernar no fuera corregir los rumbos ni siquiera cuando estos son equivocados.
 

Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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