América, Política

Los bolivarianos y la democracia

Para los bolivarianos la política es apenas una guerra. De clases naturalmente. Continua. Sin descanso. Donde no hay jamás adversarios con los que competir en las urnas, desde el diálogo y las propuestas. Sino, en todo caso, enemigos a los que, creen, se debe atacar y aniquilar.

Recientes declaraciones de uno de sus dos actuales principales líderes (el otro es el bastante más primitivo, Nicolás Maduro): Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y primer vicepresidente del “Partido Socialista Unido de Venezuela”, ante representantes de las llamadas 460 “Unidades de Batalla” Bolívar-Chávez, del estado de Yaracuy, los pintan de cuerpo entero. Sin disimulo.
 
Como realmente son: autoritarios. A los que las instituciones de la región, sin embargo, no se animan aún a denunciar como lo que son: atidemocráticos. Ni, mucho menos aún, a aplicarles medida alguna (ni llamado de atención) derivada de “cláusula democrática” alguna. Aunque Venezuela claramente no sea ya una democracia, desde que no tiene ni una Justicia independiente; ni un Poder Legislativo que cumpla sus funciones, atento a que las ha delegado mansamente en el Poder Ejecutivo. Ni respeto por los derechos humanos, ni por las libertades individuales esenciales de los demás. Así de grave.
 
En ese duro y complicado campo batalla -también sin descanso- una oposición ejemplarmente unida. Lo hace con perseverancia y valentía, pese a las intimidaciones, insultos, amenazas de todo tipo y persecuciones perversas de las que son objeto sus principales líderes. Constantemente, además.
 
Pero volvamos a los “dichos” de Cabello, un ex militar devenido político que fuera un golpista de la primera hora, desde que participara con Hugo Chávez en la asonada militar contra Carlos Andrés Pérez del 4 de febrero de 1992. Hoy, pese a estar plagado de acusaciones de corrupción, es el rival político más serio de Nicolás Maduro. Pese a que comparte con él, la gravísima responsabilidad de haber realizado algo que parecía casi imposible: arruinar a Venezuela.
 
Para Cabello “Aquí no puede haber otro grupo que no sea el de Chávez, el chavismo”. Hasta allí su visión de la vida en democracia, que excluye obviamente la alternancia y abraza, en cambio, la noción clásica del comunismo del “partido único”. Como en Cuba, pero sin decirlo. Porque no es “políticamente correcto”, atento a que todos sabemos que Cuba es una tiranía y que está empantanada en las antípodas mismas de la democracia. No hay espacio, nos dice Cabello, para nadie más. El monopolio del poder le corresponde. Porque sí.
 
A lo que Cabello además agregó que los líderes de la oposición (a la que despectivamente llama “la derecha venezolana”) “son tan aguaos que comparan la Patria con un rollo de papel “tualé”. (Fino el hombre, al referirse a lo que todos llamamos “papel higiénico”, un bien que desde hace rato es sumamente escaso en la Venezuela bolivariana. Créase o no).
 
Porque “ellos no tienen Patria”, sentenció enseguida. La Patria es de él, entonces. Y de los suyos, cuanto más.
 
Lo notable es que hay mucha gente que, escuchando este horrendo discurso, igual lo sigue, fascinada. Y primitiva. Lo que no es demasiado sorpresivo, de cara a la historia. También a Hitler lo siguieron multitudes, para recordar una circunstancia de enorme horror. Y a Lenin y Stalin, también. Y a Mao. Y a muchos otros dictadores. Hablamos de un poco menos de la mitad del país. Una increíble inmensidad de personas no refractarias al discurso autoritario.
 
Diosdado Cabello, refiriéndose a la llamada “Ley Habilitante”, por la cual el Congreso venezolano delegó alegremente sus facultades en manos del insólito Nicolás Maduro, recordó que la oposición la votó en contra, porque ella “forma parte de la corrupción”. Acusación sin fundamentos, pronunciada además por un hombre acosado personalmente de las más diversas acusaciones de corrupción y perteneciente a un gobierno al que las encuestas colocan entre los más corruptos del mundo. Pero ese y no otro es su mendaz “relato” y no lo cambia, sino que lo repite hasta el hartazgo de quienes sabemos que es absolutamente falso.
 
Pensando en las elecciones del 8D, Cabello auguró que la derrota de la oposición “será grande”. No fue tan así. Particularmente en los centros urbanos donde el chavismo fue derrotado, sin atenuantes.
 
Pero, mientras tanto, las palabras de Diosdado Cabello son un ejemplo nítido de lo que son los bolivarianos, cuando de andar en el presunto andarivel de la democracia venezolana se trata. Una vez más, Venezuela da una profunda pena cuando “hablan” sus actuales “líderes”, meticulosamente sincronizados en sus dichos y mensajes desde La Habana, Cuba.
 
Por esto no sorprende que en Venezuela se hayan agudizado las restricciones a la libertad de prensa. Se acaba de crear, por decreto y sin debate legislativo alguno, un nuevo organismo con facultades de monitorear la información y limitar su circulación declarándola de pronto “reservada”. Hablamos del llamado: “Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria”, a cuya cabeza se ha puesto a un general con vinculaciones conocidas con las instituciones de inteligencia venezolanas. Se trata de un ente propio de las llamadas “democracias de baja calidad”, eufemismo con el que en rigor se esconde el hecho de que una democracia de pronto deja de ser tal. Como ha sucedido en Venezuela.
 
 
 
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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