América, Economía y Sociedad

Los colombianos vuelven a invertir en Colombia

“Los colombianos parecen haber vuelto a confiar en su propio país y están trayendo fondos que tenían en el exterior para invertirlos en su tierra.”

Es cierto, cuando en un país hay una persistente fuga de capitales, ello es señal de desconfianza de la gente en el futuro y en la capacidad (y visión) de sus respectivos gobernantes. Esta es, obviamente, la actual situación argentina, donde la imagen de la presidente se ha deteriorado. Y mucho.
 
En Colombia -en cambio- las cosas son ahora distintas. Los colombianos parecen haber vuelto a confiar en su propio país y están trayendo fondos que tenían en el exterior para invertirlos en su tierra. Ocurre que la seguridad personal aumenta, la economía abierta crece y los rumbos políticos se mantienen. Sin temor a la imposición de arbitrarios y repentinos “cepos cambiarios”. Por esto el regreso de los inversores locales, con fondos que estaban expatriados. A lo que se suma, seguramente, la falta de rendimientos financieros atractivos en el exterior y las turbulencias que afectan al hemisferio norte, aún no resueltas.
 
Las columnas de “El Tiempo” de Bogotá describen, por ejemplo, lo que sucede con la construcción de una enorme torre en Bogotá, llamada Bacatá.
 
Más de 300 colombianos trajeron su dinero del exterior para poder sumarse al referido proyecto. Son ahora parte de los 3.000 inversionistas que se han congregado en él. Vinieron desde países tan diferentes como son: Costa Rica, Suecia, los Estados Unidos, los Emiratos Árabes, España, México y Alemania.
 
Todos sucumbieron a la fuerte tentación de poder participar en el fideicomiso para la construcción de la torre más alta de Colombia. El 90% de sus departamentos está ya vendido, en señal de optimismo, sino de euforia, con la marcha de la economía.
 
En Colombia los ejemplos como el nombrado se multiplican. Esto es reflejo, reitero, de confianza en el futuro común. Pese a las FARC y a la incertidumbre que aún rodea a la negociación de paz que podría poner fin a medio siglo de violencia aberrante por parte de un movimiento violento que -apoyado por los regímenes de Cuba y Venezuela- no ha dudado nunca en atentar contra civiles inocentes e incursionar en el narcotráfico para auto-financiarse y enriquecer a sus dirigentes. Pese al ELN, también. Y por sobre todas las cosas, pese al camino que aún falta seguramente por recorrer para normalizar absolutamente a una Colombia que crece y confía en sí misma, por lo que está cada vez más atractiva.
 
 

Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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