América, Política

Los zorros en el gallinero

Desde estas mismas columnas hemos advertido con anterioridad que, desde hace rato ya, la activa izquierda bolivariana -de la mano de Cuba- estaba prioritariamente empeñada en desnaturalizar el sistema interamericano de protección de la democracia y de los derechos humanos y libertades civiles y políticas. Un tema de incuestionable gravedad. Particularmente cuando las instituciones regionales ya no defienden la llamada Carta Democrática Interamericana.


Lo cierto es que ella acaba de obtener un triunfo muy importante con ese trágico objetivo. Me refiero a la reciente designación de Patricio Pazmiño en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Que, habiendo fracasado en su intención original de duplicar ese sistema desde la UNASUR, hoy son parte de la estrategia de tratar de cambiar el sistema de la OEA “desde adentro”. De transformarlo en “eunuco”, sin medios para cumplir con su mandato, y ahora con “zorros” dentro del gallinero. De desnaturalizarlo, en consecuencia.

Lo que sucedió a pesar de las serias e inusuales objeciones sobre la idoneidad del designado que se formularon en la propia Asamblea de la organización que los eligiera. También el argentino Raúl Zaffaroni fue objeto de reservas y objeciones. Cuando ya la leche estaba “derramada” y los votos absolutamente “atados”; esto es pre-acordados.

El caso del ecuatoriano Patricio Pazmiño es realmente patético. Como presidente de la Corte Constitucional de su país y amigo personal del ecuatoriano presidente Rafael Correa, Pazmiño avaló nada menos que la Ley de Comunicación de su país, apodada la “Ley Mordaza” por sus abiertas restricciones a las libertades de opinión y de prensa. Por lo demás, el adalid regional del monopolio estatal de los medios, Rafael Correa, ha dicho reiteradamente que considera que la CIDH y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos son instituciones innecesarias. Porque le impiden doblegar a los medios y someterlos a sus designios para controlar a la opinión pública.

El futuro mismo del sistema interamericano está en serio peligro. Ahora inminente. Real. Desembozado. Puntual. Concreto. Pazmiño, como no podía ser de otra manera, niega terminantemente ser un “Caballo de Troya”. Pero tiene todo el aspecto de serlo. Inequívocamente.  

Habrá entonces, ante el hecho consumado, que seguirlo de cerca y denunciarlo cada vez que viole las normas a las que debe sujetarse. Y cuando pretenda limitar los derechos humanos y las libertades civiles y políticas o ponerlas al servicio del Estado y no de las personas, que son sus verdaderos titulares. O cuando, desde su nueva posición, pretenda limitarlos doctrinariamente con las clásicas falsedades o argucias, desde el abierto totalitarismo que profesa. La vigilancia deberá ser constante, a partir del próximo mes de enero, cuando asuma sus funciones. Porque las formas de destruir -desde adentro- al alto tribunal son obviamente múltiples. Por ejemplo, achicando su competencia y limitando sus atribuciones. O acotando su financiamiento, de modo de restringir su capacidad de operar.

Lo más grave es que la candidatura de Pazmiño, créase o no, fue, de todas, la más votada. Increíble. Recibió nada menos que 22 de los 23 votos posibles. Es evidente entonces que Quito no está sola en su lucha por defenestrar al sistema interamericano de protección de los derechos humanos.

Desde un silencio cómplice, o desde el desinterés, muchas capitales acompañan a Ecuador. En lo que es una gravísima traición a los ideales interamericanos en esta delicada materia.

Para que nadie dude un solo instante acerca de donde está parada la izquierda bolivariana, el propio Canciller boliviano (esto es de un país en el que ya no hay libertad de expresión) David Choquehuanca, acaba de señalar, con total descaro, que la Comisión de Derechos Humanos no debe ser independiente. Lo que naturalmente significa que postula que ella esté sometida plenamente a la voluntad de los Estados. Como ocurre desgraciadamente también con la justicia, en su propio país.

Cuando varias democracias latinoamericanas han sido desfiguradas hasta hacerlas irreconocibles, lo sucedido respecto de la CIDH con la designación de Pazmiño aumenta la enorme gravedad del momento. Con estas designaciones no se “fortalece” al sistema. Se lo debilita y se lo hace vulnerable. La libertad en la región acaba de sufrir un durísimo golpe. No es, para nada, un tema menor. Y no puede silenciarse.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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