América, Política

No más miembros de la familia Castro en el timón de Cuba

Los hermanos Castro tuvieron, entre ambos, en sus manos el exclusivo timón del poder en la isla, desde que en 1959, depusieran al deplorable Fulgencio Batista.


Después de casi doce años de haberse mantenido firmemente encaramados en lo más alto del poder cubano, el dictador Raúl Castro, que sucediera a su también sanguinario dictador hermano Fidel y compartiera su crueldad represiva, acaba de “retirarse”, al menos formalmente, de la política.

Los hermanos Castro tuvieron, entre ambos, en sus manos el exclusivo timón del poder en la isla, desde que en 1959, depusieran al deplorable Fulgencio Batista. Sesenta y un años de vivir autoritariamente, como reyes, hasta con una pequeña isla paradisíaca como su residencia privada y exclusiva, quedaron ya atrás.

Personificaron una de las dictaduras más largas y crueles de la historia, que no elevó el nivel de vida de los cubanos, que hoy sigue estando al mismo bajísimo nivel de los de Nicaragua y Guatemala, los más deprimidos de la región.
Los reemplaza ahora en la conducción de Cuba, Miguel Diáz-Canel. Para muchos en la región, casi un desconocido. Para Raúl Castro, su hombre de máxima confianza, claro está. Su mano derecha.

Con 57 años de edad, Díaz-Canel tiene tras de sí una larga carrera política. Cuando nació, Fidel ya manejaba absolutamente a Cuba. Nunca entonces Díaz-Canel vivió en democracia. No sabe, ni tiene la menor idea de lo que es eso.

Es de profesión ingeniero, con especialidad en electricidad. Pero seguramente no sabe arreglar un velador, desde que hizo de la política su vida. Viene de Villa Clara, una suerte de santuario político del “Ché” Guevara. Y la sede del enorme Club Gay: “El Mejunje”.

Desde el 2003 Diáz-Canel estuvo “estacionado” en el Politburó del Partido Comunista Cubano, cuyo interior y personajes conoce entonces a la perfección.

Fue Ministro de Educación Superior y Vice-presidente de su país. Su acceso a lo más alto del poder está muy lejos de ser una sorpresa, queda visto. Era casi “cantado”.

Siempre se lo tuvo como una suerte de “protegido” y “ladero” de Raúl Castro. Su Sancho Panza. Por todo esto, la probabilidad de un cambio cercano de rumbo en Cuba, simplemente no existe. Por ahora, al menos.
 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
Exclusivo para Diario Exterior.

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