“Cristina Fernández de Kirchner ha logrado hacer pedazos al sector rural argentino, tradicionalmente uno de los más importantes del mundo, asfixiándolo con impuestos, tipos de cambio caprichosos y distorsivos”
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Martes, 21 de julio 2026

“Cristina Fernández de Kirchner ha logrado hacer pedazos al sector rural argentino, tradicionalmente uno de los más importantes del mundo, asfixiándolo con impuestos, tipos de cambio caprichosos y distorsivos”
La desgracia populista que se precipitó sobre América Latina a lo largo de la última década tiene dos récords realmente impresionantes. El primero está en manos de Nicolás Maduro, que ha sido capaz de destruir la economía de Venezuela, el país más rico del mundo en materia de reservas de hidrocarburos. Una suerte de Arabia Saudita de América Latina, hoy reducido a escombros y endeudado hasta la médula. El segundo pertenece a Cristina Fernández de Kirchner, que ha logrado hacer pedazos al sector rural argentino, tradicionalmente uno de los más importantes del mundo, asfixiándolo con impuestos, tipos de cambio caprichosos y distorsivos y, peor aún, con derechos (esto es gravámenes) a la exportación de sus productos. Desde estas mismas columnas nos hemos referido reiteradamente al segundo de los fenómenos aludidos.
Hoy queremos complementar la información, difundiendo un estudio ilustrativo que muestra cómo la saña y los resentimientos, en los hechos, destruyen a un sector.
Nos referimos a un estudio publicado en el diario La Nación del martes 10 de noviembre pasado, realizado por Guillermo Aiello. Terminante. Brutal. Decisivo. Conforme al mismo el peso de los derechos de exportación y la utilización de tipos de cambio múltiples hacen que un productor de granos argentino tenga que vender más del doble de su producción si quiere comprar bienes e insumos, comparado con la situación de un productor similar, del país de enfrente, esto es del Uruguay.
Cabe apuntar que en el Uruguay no existen derechos a la exportación. Tampoco trabas a las ventas al exterior y mucho menos un mercado cambiario desdoblado con distintos tipos de cambio. Por todo esto, casi la mitad de la producción uruguaya de soja y de trigo es realizada por agricultores argentinos que frente al drama doméstico cruzaron a producir en el país vecino.
El estudio compara dos productores en localidades cercanas, separadas por la frontera, esto es por el río Uruguay. El argentino en Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos. Y el uruguayo en la localidad cercana de Fray Bentos, en territorio oriental. Descontados los fletes, el ingreso neto del productor uruguayo excede en un 130% al del productor argentino en el caso de la soja. Cuando se hace la misma comparación respecto de la producción del trigo, el ingreso neto del uruguayo está un 250% por encima del ingreso neto de su similar argentino. Todo esto es fruto de las distorsiones que sufren los productores argentinos y de la normalidad que rige en cambio en el escenario que trabajan los productores uruguayos. Si sumamos los derechos de exportación, más la distorsión cambiaria que sufren los productores argentinos ambas suponen un gravamen conjunto del 54,2%. A lo que debe sumarse el impacto del impuesto a las ganancias, la contribución territorial, la tasa de caminos, y una infinidad de pequeños impuestos y tributos provinciales y municipales. También existen sobrecostos en materia salarial, que hacen que los salarios argentinos sean un 48% más caros que los uruguayos. A lo que se agrega que el costo de la tierra es inferior en Uruguay que el de tierras similares en la Argentina.
Por todo lo antedicho los hombres y mujeres del campo argentino acaba de votar masivamente contra el peronismo en la primera rueda de la elección presidencial argentina, absolutamente exhaustos y hartos de ser expoliados por el peronismo. Especialmente desde que se dictara, en el 2008, la resolución 125/08 que estableció un sistema móvil para las retenciones impositivas a la soja, al trigo y al maíz, con una presión desorbitada del 35%. Esa resolución fue seguida, de inmediato, con un paro agropecuario y bloqueo de rutas.
Desde entonces la imagen de los Kirchner quedó deteriorada y su popularidad comenzó a caer continuamente. Durante el conflicto renunció el ministro de economía Martín Lousteau, inolvidable autor de la horrenda iniciativa que, como todos los políticos, ahora ha cambiado de bando, acercándose al centro del espectro. No obstante, su responsabilidad ha quedado para la historia. El campo argentino jamás lo olvidará.
Como consecuencia del exceso de presión fiscal, Argentina que alguna vez fuera “el granero del mundo” ha dejado de serlo y tiene a los productores rurales endeudados, desalentados y exhaustos. Ante la derrota del oficialismo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, los productores rurales argentinos parecen haber recuperado al menos la esperanza de poder trabajar y competir con los demás en términos de igualdad. Por oposición a ser ordeñados permanentemente por el populismo político.
Emilio J. Cárdenas es ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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