Se ha incrementado el número de niños que cruzan en la ruta de los mojados. Tras 15 años de éxodo de centroamericanos a Estados Unidos, la reunificación familiar está impulsando ese comportamiento que involucra a los menores, ya que los padres que dejaron a sus hijos los alientan para reunirse con ellos.
Según informa la prensa de Honduras, tras 15 años de éxodo de centroamericanos a Estados Unidos, la reunificación familiar está impulsando este comportamiento que involucra a los menores, ya que los padres que dejaron a sus hijos los alientan para reunirse con ellos.
Los balseros que trabajan en el río Suchiate –frontera entre Guatemala y México- aseguran que los pequeños van acompañados por adultos, coyotes o familiares, que no tienen los documentos legales que les permitan transitar con los menores.
“De ahí viene la falsificación de papeles, pero no debemos culpar a los niños o a quienes los llevan, sino a las políticas migratorias que no ayudan en nada a la reunificación familiar y sí incrementan el tráfico y la trata”, critica el padre Ademar Barilli, encargado de la casa del migrante de Tecún Umán, declaraciones que recoge la prensa local.
Precisamente por la inocencia que caracteriza a los menores, éstos se convierten en víctimas fáciles de manipular: “En plena calle son fácilmente identificables por los grupos que tienen muchos tentáculos”, explica el padre Humberto Barrios, de la casa del migrante de Ciudad de Guatemala, quien asegura que no es raro ver a niños mendigando o vendiendo artículos en las esquinas y bajo los semáforos.
Fabricio, de 15 años va acompañando a su primo en la búsqueda del sueño americano. “Yo trabajaba en el monte sembrando maíz y frijoles. Me vine para prosperar con mi familia. Llegué a sexto grado y en San Pedro Sula la Policía me quitó los 2,000 lempiras que traía porque no tenía documentos”, explica, mientras espera montarse en el tren en Arriaga.
El padre Alberto Gómez, de la casa de migrantes de Pakalná, relata que los niños experimentan las mismas escenas de terror que los adultos. “Hubo un menor de edad llamado Cristian. Tenía 13 años y nos narró cómo sus propios compatriotas hondureños los habían atacado a él y a su primo. El muchacho relató que a uno de sus compañeros le cortaron la cabeza a machetazos. Le pedimos que denunciara y lo hizo, pero después se escapó. Ver niñas con un bebé amarrado a la espalda y subiéndose al tren te mueve el corazón”.
A pesar de todos los obstáculos que tienen, los niños parece que están logrando alcanzar su meta. Hasta hace unos meses, el estado de Tabasco era el lugar donde más casos se reportaban menores. Ahora el primer puesto lo ocupa Veracruz, donde según el Instituto Nacional de Migración de México dice que supera los 400 en 2013. A pesar de los peligros, los padres arriesgan su vida y la de sus hijos.
La ley de migración de México obliga al Estado a atender y dar cobijo a los menores en riesgo. Cuando Migración reporta la detención de menores, los consulados constatan la nacionalidad. Los menores son enviados por vía aérea a la capital del país, DF, y de ahí a SPS junto con otros migrantes.
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