América, Economía y Sociedad

Otra vez la Argentina no puede enfrentar los vencimientos de su deuda pública

“No es posible que nada menos que dos tercios de los argentinos vivan efectivamente “colgados” del otro tercio, el realmente productivo, que los subsidia. Pensando, además, que les asiste el “derecho” a vivir de ese modo”.


Por novena vez en su historia, la Argentina acaba de anunciar que no puede pagar su actual deuda pública sin previamente “reprogramar” sus vencimientos.

Postergó tanto los vencimientos de su deuda pública de corto plazo, como los que corresponden a su deuda de mediano plazo, acordando con sus acreedores, en el último caso, los nuevos plazos de pago aunque sin realizar, ni pedir, quitas en el reembolso del capital, ni en el pago de los servicios de intereses. Para su calificación como deudor, “una mancha más al tigre”. Muy poco atractiva. Pero no cabía otro remedio.

Ocurre que desde hace siete décadas, el país gasta más de lo que son sus ingresos genuinos. Para seguir adelante sin cambiar de actitud, pide dinero prestado e hipoteca el futuro de su juventud, que hasta ahora no ha protestado como debiera.

La reprogramación prevista de sus pasivos-según pretende el gobierno del presidente Mauricio Macri, cuyo final de gestión es realmente deplorable-se hará pretendidamente “en conjunto” con las otras fuerzas políticas. Objetivo loable, pero obviamente difícil de alcanzar.

Pese a que Argentina ha ido reduciendo lentamente su déficit público primario a nivel nacional, no lo ha hecho a niveles provinciales y municipales, razón por la cual la carga de intereses acumulada, del 3,1% del PBI, se volvió insostenible. Los intereses son ya del doble de lo que fueron en el 2015.

Poder pagar esa carga de intereses sin crecer económicamente y manteniendo una larga recesión, devino imposible. Tratar de hacerlo con emisión habría acercado una vez más a nuestro país a la hiperinflación. Con todo lo que esto significa para la gente de menores ingresos, particularmente de aquellos que son asalariados y tienen ingresos fijos que tratan de poder ajustar de tanto y tanto, aunque “corriendo por detrás de una estampida inflacionaria”.

El problema central es siempre el mismo. El del déficit fiscal, un vicio argentino de larga data, que mantiene al país empantanado en la fragilidad y lo empuja a la decadencia.

No es posible que nada menos que dos tercios de los argentinos vivan efectivamente “colgados” del otro tercio, el realmente productivo, que los subsidia. Pensando, además, que les asiste el “derecho” a vivir de ese modo.

El país sigue insólitamente coqueteando con su propia destrucción. Y nadie le pone el cascabel al gato. Aunque todos sepan cuáles son las razones de lo que les sucede como sociedad.
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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