América, Política

Repentina caída de la popularidad de Ollanta Humala

Casi 21 puntos, en apenas tres meses. Hasta no hace mucho, la popularidad de Ollanta y la de su esposa Nadine estaban bien altas. A inicios de abril pasado: en el 60% y el 70%, respectivamente.

La economía de Perú sigue atrayendo inversiones, cual magneto. Y generando constantemente empleo formal, que creció el mes de abril pasado un 4% respecto del mismo mes del año pasado.
 
Con esto, Perú ha estado generando crecimiento de su empleo formal durante 41 meses seguidos. La situación en la ciudad de Lima es todavía algo mejor. Y algo parecido, aunque a menor ritmo, está pasando en algunas ciudades del interior, incluyendo a Puno, lo que es saludable.
 
En particular, la demanda de trabajadores para los sectores de los servicios y para el comercio creció, siempre en abril pasado: el 5,6% y el 5,5%, respectivamente, comparada naturalmente con la situación del año anterior.
 
Pero la popularidad de Ollanta Humala, pese a todo ello, está cayendo. Mucho y rápido. Casi 21 puntos, en apenas tres meses. Hasta no hace mucho, la popularidad de Ollanta y la de su esposa Nadine estaban bien altas. A inicios de abril pasado: en el 60% y el 70%, respectivamente.
 
Hoy están en el 39%, la de él y en el 47%, la de ella. A lo que cabe agregar que en el pujante norte del Perú, la desaprobación de Humala es del 63%. Muy alta.
 
Duro, como retroceso. Aunque, obviamente, para Humala una situación mucho mejor, al menos todavía, que la que tuvieran, en estos mismos momentos de sus dos gobiernos, tanto Alan García (22%), como Alejandro Toledo (14%).
 
La opositora Keiko Fujimori, por su parte, sigue aún detrás de Humala, pero con una imagen positiva nada despreciable, del 36%. No está nada lejos, queda visto.
 
¿Cuáles pudieron haber sido las razones principales de lo que sucede con Humala?
 
Las hay, aparentemente, de todo tipo.
 
En primer lugar, la manipulación de la agresiva fiscalización de las gestiones de Alan García y Alejandro Toledo. En un caso persiguiendo, y en el otro apañando. Lo que no ha caído nada cayó bien.
 
Segundo, la presunta aspiración de Nadine Humala a ser candidata presidencial en el 2016, que tampoco fuera recibida con aplausos. En rigor, pareció ser una estrategia re-eleccionista, mal disfrazada, que generó incertidumbre en un ambiente que privilegia ahora la certeza. Esto mostró, además una aparente dependencia de Humala respecto de su mujer. Que no ayuda a Humala, en un país latino.
 
Tercero, algunas señales confusas enviadas sobre la marcha de la economía, como la afirmación del presidente ante el Foro Económico Mundial sobre América Latina en el sentido de querer reavivar algunos instrumentos estatistas propios de la horrenda pesadilla velasquista, que tanto dañara al Perú, descalabrándolo.
 
Porque ocurre que la gente no quiere ir para atrás. Quiere avanzar por un camino que se hace al andar, el que responde al mundo de hoy, tal cual es.
 
También perjudicó a Humala el amago de volver a tener una empresa petrolera estatal de importantes dimensiones, a través de la compra de la subsidiaria local de Repsol. Porque supone un cambio de rumbo, cuando el actual es exitoso y cuenta con el aplauso del público en general.
 
Cuarto, las feas denuncias de espionaje a algunos periodistas. Generadoras de suspicacias y desconfianza.
 
Y quinto, la lamentable falta de progreso real, tangible, en el frente de la seguridad personal, que preocupa mucho a la población urbana, hoy expuesta a una violencia creciente, a punto tal que el 87% de los peruanos encuestados afirma sentirse inseguro en las calles de su país.
 
Todo esto parece haber conformado -y trasmitido- una sensación de falta de autoridad que ha dañado la buena imagen que tenía Humala hasta no hace mucho.
 
 No obstante, lo que hemos descripto brevemente no parecería ser -para nada- una situación irreversible. Humala tiene muchas posibilidades de recuperar la confianza de la gente y, así, de volver a su buena imagen reciente. Para ello lo importante es trabajar para mejorar, creativamente, la calidad de vida de su pueblo, mostrando liderazgo firme y concretando avances materiales y visibles. Para el presidente peruano es hora de asumir ese reto.
 
Emilio J. Cárdenas 
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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