Uruguay tendrá sus próximas elecciones presidenciales en el mes de octubre.
Las encuestas de opinión sugieren que, una vez más, ellas serán reñidas. En efecto, la coalición de gobierno, el izquierdista “Frente Amplio”, tiene una intención de voto del 44%. No crece, pero se mantiene.
La oposición, que competirá unificada, se divide entre los que apoyan al Partido Nacional (Blancos), que representan el 30% del electorado, y los que prefieren al Partido Colorado, quienes -a su vez- logran un 18% de las preferencias. Entre ambos le sacan cuatro puntos al oficialismo. Ambos están en franco crecimiento en cuanto a adhesiones. Más los “Blancos”, que los “Colorados”, pero ambos gozan de buena salud.
Esto supone que los opositores están en el límite mismo del llamado “empate técnico”, entonces. Pero que, mañana, ganarían una compulsa electoral. El pequeño Partido Independiente es, de todos, el que luce como el más estable en cuanto a intención de voto, con su 2% de participación, casi permanente. Fijo.
Lo más saludable de las proyecciones antes referidas es que: (i) está claro que ya no es imposible que el “Frente Amplio” pierda y que el Uruguay retorne a una saludable alternancia democrática; y (ii) Uruguay podría pronto tener un Parlamento que no estuviera, como sucede ahora, controlado por aquellos mismos que detentan el mando del Poder Ejecutivo. Lo que naturalmente es algo saludable, porque el pequeño y democrático país del Plata volvería a un escenario que permita el juego de los equilibrios y balances entre los poderes, mecanismo y salvaguardia, a la vez, que obviamente está en la esencia misma del sistema democrático. Todo lo contrario, entonces, al poder ilimitado de un pensamiento único y al andar monolítico de un gobierno en el que la oposición sólo puede tener una participación discursiva, esto es, en los hechos y la vida diaria, muy limitada en cuanto a influenciar concretamente la marcha de la vida política oriental.
Lo cierto es que aún no hay conclusiones que puedan tenerse por finales. Hay proyecciones y cálculos. Hay clima de posibilidad de cambio. Pero todo sigue siendo posible. Relativo. La campaña electoral, en sí misma, puede resultar decisiva. Equivocarse allí, con las cifras y encuestas actuales, puede resultar un suicidio. Los márgenes son -y probablemente seguirán siendo- muy estrechos.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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